Ursulina Cantoni - 32 De Evas.
Me llamo Eva -nombre bíblico, el de la primera mujer- por mi abuela materna, Doña Eva María Yáñez de Cibeira.

Recuerdo perfectamente su porte distinguido, señero, con
ese aire de altivez y ese"no se qué" tan propio de la familia Yáñez.
La otra Eva, mi madre, no era"echada para atrás", pero tenían el
mismo rostro y dicen que yo me parezco físicamente cada día más
a mi madre... Tuve la suerte de compartir varios años con Doña
Eva, casi llegó a verme casada.
Si bien mi infancia estuvo más signada por mi otra abuela, al
fallecer Doña Ursulina, y al dejar Pocito para irnos a la ciudad,
empecé a estar más cerca de Doña Eva, ya radicada en San Juan
con sus hijas solteras. Transité junto a ella mi paso por la
adolescencia.
Era meticulosa, prolija, con una habilidad imparable en el
manejo de la aguja crochet: nos engalanaba con sus famosos
guantes, puntillas, vestiditos y chales, admirados por todos. Al
fallecer mi padre, empezó a acompañarnos a Tucunuco -los fines de
semana largos o en época de vacaciones-. Yo había empezado a
conducir a los trece años, siempre fui una adelantada dentro de mi
camada de amigas. Manejé, me recibí de maestra, ejercí el magisterio,
me casé y tuve hijos antes que todas mis contemporáneas.
Sinceramente, ahora espero no seguir siendo pionera y así
quedar para el último.
La primera vez que Doña Eva tuvo que ser mi copiloto -rumbo
a Tucunuco- también demostró, una vez más, su hidalguía: no
protestó, no se apabulló, pero... me apabulló a mí. Con la grave y
remarcada pronunciación de sus"Aves Marías" en los largos
rosarios que rezó.
Me puse de novia con mi actual marido a los trece años -
obviamente ya no existía Cantoni-. Lo conocí a la salida de la Escuela
Normal Sarmiento, y cada día me acompañaba de regreso a mi
casa, a sólo una cuadra de distancia. Generalmente nos recibía en
la puerta Doña Eva: nos saludaba y ya... cuando estábamos a solas,
suspirando decía:"Otra vez el atajacaminos".
Compartí muchas horas con ella en la casa de la calle
Mendoza, donde vivía con sus hijas solteras, tantas y tan bulliciosas;
la mayoría maestras -se pasaban la responsabilidad de prepararme
para el magisterio, sobre todo mi tía Chicha-. Tuve una afinidad
especial con mi Tía Blanca -casada muy joven con Rubén Bravo-20.
Rubén y Blanca sólo tuvieron dos hijos varones, mucho
mayores que yo; por eso se encariñaron con"la nena" y me
prodigaban su afecto cada vez que compartía con ellos unos días
en su terruño. Por esta familia conocí la "Siestita del Burro":
descanso veraniego obligado de las familias caracterizadas de la
zona. Este rito se cumplía al llegar los dueños de casa de sus
actividades mañaneras y, ya de regreso, se recostaban en sus frescos
y oscurecidos dormitorios a hojear periódicos y revistas hasta que
el servicio doméstico llamaba al almuerzo. Así, la gente almorzaba
relajada, había sobremesa para dialogar, antes de ir a descansar a la
siesta propiamente dicha. ¡Otros tiempos! Sin prisas, sin locuras
televisivas, pero con diálogo humano enriquecedor.
Mi abuela Eva falleció por un coma diabético. Esto ocurrió
unos meses antes de mi casamiento. En 1962 murió en Buenos
Aires, acompañada de sus hijas que la asistieron hasta el final.
Pero se despidió de mí: yo dormía con mi hermana Gracielita
y mi tía Idalina en la camera, y sentimos un fuerte viento que,
intempestivamente, llegó y se fue, pero que nos abrió abruptamente
la ventana. Idalina -totalmente dormida- nos dijo: "ha muerto Doña
Eva, y ha pasado a despedirse de ustedes". Muertas de pánico
escuchamos el timbre del teléfono. Era mi madre, que avisaba lo
que intuíamos.
Mi abuelita Eva también fue un pilar de fortaleza para su
familia y para su comunidad. Sus méritos se acrecentaron más aún
cuando, al fallecer su próspero esposo -mi madre sólo tenía diez
años- tuvo que asumir la responsabilidad del hogar, con siete hijos
para educar y llevar adelante. Y lo logró, dignamente, con su
dedicación a la docencia, ejerciendo por años como maestra y más
tarde como Directora de la Escuela Nacional nº 49 de Pampa del
Chañar.

    

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Hacedores

Debe haber algo en la geografía de San Juan que permite el
milagro de forjar hacedores, hombres y mujeres capaces de pensar
con mente abierta, sin ceñirse a dogmas cerrados, aunque sí a
objetivos innegociables: que el pueblo de San Juan crezca, se
desarrolle y aporte entonces, al engrandecimiento de la Argentina
toda. Así lo soñó Sarmiento y lo hizo. Así también lo imaginó
Federico Cantoni y lo concretó.. Araceli Bellota

1er Voto Femenino

Domingo Faustino Sarmiento,
valorizó a la mujer como participe del desarrollo de un país. Así
también lo entendio Cantoni completando la obra, en
1927, abriéndoles la puerta del sufragio provincial. Fue también
en esta provincia donde resultó electa la primera diputada de
América Latina, Emar Acosta.. Araceli Bellota

Historico

"Cantoni y el Bloquismo" bien pueden ser considerados como un eslabón clave en el proceso histórico de lo que suele denominarse en la Argentina “pensamiento nacional y popular”. Una suerte de pasaje natural entre el radicalismo y el peronismo naciente, incluso anticipandose al 17 de octubre de 1945 en más de dos décadas, cuando en 1923 presentó su candidatura desde la cárcel, y el pueblo sanjuanino lo rescató, llevándolo desde la celda hasta el mismo sillón de Sarmiento
Araceli Bellota
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