Ursulina Cantoni - 34 Los albores de mi infancia.
Tengo la sensación, más que el recuerdo, de que mis primeros años los pasé de brazo en brazo... de mimo en mimo... Insoportablemente mañosa... malcriada... contestataria y mandona, eran los epítetos más frecuentes que mi resignada madre me adjudicaba, al ver como este pequeño ser acaparó la atención de toda la familia y sobre todo de su padre -hombre de 54 años, "de vuelta de la vida", que me crió como hija y me disfrutó como nieta -.

Como se estilaba en la época -si la madre no tenía suficiente
leche- tuve"Ama de leche". Mis padres estaban preocupados
porque era tan, pero tan flaquita... que esa pobre mujer -"Ñata
Bertucci" (vecina de la calle Aberastain)- tenía que tener su teta
pendiente de mi antojo. Siempre me relata -sin ocultar su pudor-:
"yo dormí una noche con el Doctor Federico... para que te durmieras,
chinita mañosa, y dejaras de llorar... me acosté con vos en la camera, te
enchufé la teta y nos quedamos dormidas. Llegó el Doctor y se acostó de
tu lado, sin despertarnos. Así amanecimos los tres, y tu pobre madre, en
otra cama, mudita. La nena hacía y deshacía".
¡Cuánta paciencia y cuánto amor! Minuto a minuto me lo
demostraban. Mi padre: al llegar cansado de trabajar, me cortaba
la comida -si no, no comía- ¡Ah! Y si era tomate... tenía que ser en
cuadraditos, como a mí me gustaba.
De vez en cuando llegaba algún ajuste de cuentas:"señorita,
le vamos a enseñar que toda comida es saludable, que muchos sufren por
falta de ella, y que por lo tanto se debe aprovechar. ¿Que no quiere las
lentejas? Graciela, te ordeno que guardes este plato con las benditas
lentejas, y se las sirvas en cada oportunidad en que nos sentemos a la
mesa, sea el desayuno, almuerzo o cena... ah, y sin calentar".
No recuerdo cuántas comidas pasaron (esa fue la única época
de mi vida en que fui inapetente), pero obviamente claudiqué y
me las comí y ¿saben qué? ¡Ahora me encantan!
Tenía mi madre un batallón de niñas y niños que criaba en la
casa y mandaba a la escuela. Idalina (ya conocen a la prima de mi
madre), a quien proféticamente crió desde los 15 años. Digo así
porque se cumplió su esperanza, no la defraudó, y hoy es la
madraza de todos los descendientes que la necesitan: hablo de mi
hermana Gracielita y sus hijos. Idalina y su hermano Manuel, que
colaboró con mi madre hasta el día de su muerte, fueron la
excepción entre tantos que mi madre ayudó: en ellos cosechó cada
una de las virtudes que había sembrado.
Diurnamente se agregaban Dalba, Titina -ambas vecinas de
la casa- mis primos Cibeira: Toto y Cholo; y otros vecinos o hijos
del encargado, los que nunca faltaban. La mesa era pródiga y los
dueños de casa, un imán que atraía por su afecto y generosidad.
Algunos ayudaban en el jardín, otros hacían los mandados;
las niñas asistían a la cocinera de turno o regaloneaban a la
susodicha.
Cuentan que al cumplir un año, proeza que se festejó
apoteósicamente, yo lloraba y lloraba sin consuelo... nada me
calmaba. Hasta que mi madrina Angélica Bracco me descubrió
en mi pobre pelusa amarilla -que oficiaba de cabello- un
descarado piojo. En aquellas épocas era mal visto semejante
percance -hoy es habitual y nadie se sonroja- ¡Cómo cambia
todo! Hasta el"qué dirán"...
Ante tamaño percance, se armó una verdadera revolución
casera: mi padre, indignado, hizo poner en fila al mundillo de
criados y uno a uno les hizo lavar la cabeza y él mismo los
El escuadrón de niños y adolescentes sólo descansaba en la
siesta. Mientras mis padres dormían conmigo, ellos se relajaban.
Años después supe que leían novelas ¡de amor! a hurtadillas, o
que las escuchaban muy bajito por la radio. Cantoni alentaba otros
entretenimientos: la lectura, la jardinería, la huerta, incluso la
recolección en collares de bichos de cesto, por los cuales se nos
pagaba para luego quemarlos en grandes fogatas (a la manera del
mejor plaguicida).

      

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Hacedores

Debe haber algo en la geografía de San Juan que permite el
milagro de forjar hacedores, hombres y mujeres capaces de pensar
con mente abierta, sin ceñirse a dogmas cerrados, aunque sí a
objetivos innegociables: que el pueblo de San Juan crezca, se
desarrolle y aporte entonces, al engrandecimiento de la Argentina
toda. Así lo soñó Sarmiento y lo hizo. Así también lo imaginó
Federico Cantoni y lo concretó.. Araceli Bellota

1er Voto Femenino

Domingo Faustino Sarmiento,
valorizó a la mujer como participe del desarrollo de un país. Así
también lo entendio Cantoni completando la obra, en
1927, abriéndoles la puerta del sufragio provincial. Fue también
en esta provincia donde resultó electa la primera diputada de
América Latina, Emar Acosta.. Araceli Bellota

Historico

"Cantoni y el Bloquismo" bien pueden ser considerados como un eslabón clave en el proceso histórico de lo que suele denominarse en la Argentina “pensamiento nacional y popular”. Una suerte de pasaje natural entre el radicalismo y el peronismo naciente, incluso anticipandose al 17 de octubre de 1945 en más de dos décadas, cuando en 1923 presentó su candidatura desde la cárcel, y el pueblo sanjuanino lo rescató, llevándolo desde la celda hasta el mismo sillón de Sarmiento
Araceli Bellota
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