Ursulina Cantoni - 38 Mi cumpleaños en Moscú (30 de agosto de 1947).
Fue un cumpleaños soñado: lo pasé en "La Dacha" (casa de fin de semana ubicada en las afueras de Moscú, a veinte kilómetros de la Capital). Se alzaba en medio de un bosque de pinos. Allí pasamos el verano ruso.

Cantoni instaló también allí oficinas donde se traducían las
investigaciones y adelantos agrícolas de la U.R.S.S. (se imprimían
folletos que se enviaban luego a la Cancillería).Allí celebraron mi
tercer cumpleaños.
Los invitados eran algunos integrantes de nuestra embajada,
y de otras que mi padre frecuentaba.
Tuve hermosísimos regalos: el más original fue un avión
grandecito al que yo subía y llamamos "El Ciruja", porque me lo
regalaron nuestros queridos "cirujas", como se llamaban entre ellos
y en confianza (Jorge Varas, Julio Aubone, Alejandro Farina,
Salvador Argentino). También estaban invitadas las niñas de las
casas cercanas, y todas asistieron.
Lo que más les llamó la atención fue que se trajo una ternerita
-conseguida río arriba- que llegó en un lanchón por el río, que
quedaba cerca de la Dacha. Todos miraban con curiosidad la
llegada, y más grande fue el asombro al presenciar, desde los
alrededores, las tareas de faenamiento. Es decir, ver, oler y probar
el asado... ¡una cosa inusitada en Rusia, y más en aquellas épocas!
Tengo el vago recuerdo de una rusita... se llamaba Taiza. Ella
tenía en su casa una vaca, claro que en un corral para protegerla
del frío y el calor. ¡Demasiado con que les diera leche!
Las vecinitas nos visitaban siempre. Además de jugar
conmigo, disfrutaban de conocer nuestras costumbres y de
enseñarnos las suyas; nos asesoraban y ayudaban a recoger las piñas
secas para encender el Samovar y preparar la ceremonia del té (yo
tenía una preciosa muñeca rusa con su carita tallada en cera de
vela, con un amplio vestido forrado, con un grueso matelassé que
protegía las teteras en nuestra mesa, para que no se enfriara su
contenido. Se la regalé a mis nietas mayores... ojalá la aprecien).
Contaba mamá que los rusos tenían un gran fervor religioso,
y ante las imágenes de la Virgen que teníamos se persignaban y
oraban en silencio, a escondidas... no vaya a ser que los delataran.
El 30 de agosto era verano en Moscú, por eso mis niñeras
iban a la siesta a bañarse al río cercano, y a veces mamá las mandaba
en un transporte (especie de lanchita) a que cruzaran a la margen
opuesta para visitar las huertas y comprar verduras.
Cuenta Idalina que "la vida de vacaciones en la Dacha fue
muy linda".
En Moscú las cosas no eran tan sencillas de resolver –pese a
ser amigos de Tito-: si mi madre deseaba hacerse un vestido, le
indicaban con quién, hora y lugar para confeccionarlo; para ir al
cine era necesario pedir autorización. La vida por momentos se
tornaba intolerable. Mi padre, con su tono de siempre,
recomendaba a los comunistas sanjuaninos una visita a Moscú
para que pudieran ver con sus propios ojos lo que verdaderamente
significaba vivir en el "paraíso marxista". Terapia por la que pasaron
muchos latinoamericanos y españoles, que después de llegar a Rusia
atraídos por la utopía, se acercaban a la Embajada Argentina
intentando ser sacados del país.
En la Embajada se sabía de la falta de libertad. Pero siempre
nos trataron muy bien, sólo había que respetar sus reglas. También
asombraban otras facetas de la sociedad, como por ejemplo el lugar
que ocupaba la mujer en el campo laboral: levantaban nieve,
trabajaban de sepultureras, manejaban los troles, dirigían el
tránsito... ¡¡¡generaciones de hombres se perdieron en tantas
batallas!!!
También la participación de los humildes. Al lado del hotel
había un Centro Universitario muy concurrido y los estudiantes -
era notorio que eran humildes, vestían pobremente- participaban
activamente de lo social y la cultura. Visitamos el Bolshoi para ver
"El Lago de los Cisnes", donde también todos los espectadores
iban modestamente vestidos, pero disfrutaban del arte con
partituras en la mano. Un verdadero testimonio de cultura.
El metro de Moscú posee, en cada estación, esculturas de bronce
maravillosas y arañas de cristal monumentales. Asombró siempre la
limpieza y el orden de ese monumento a la belleza y la cultura.
"Pero la atención de la Embajada estaba puesta en la
experiencia agropecuaria rusa. Cantoni percibió la necesidad
por la que pasaba la Unión Soviética e intentó tender lazos
comerciales para que la Argentina colocara allí sus excedentes
productivos, aunque pasaron varios años antes de que pudieran
formalizarse.
Su temperamento impetuoso no era fácilmente adaptable a la
rutina del mundo diplomático. Además, empezó a hartarse de
los excesos del stalinismo. Día a día disminuía su paciencia
respecto del protocolo, las reuniones, las tertulias muchas veces
intrascendentes y la propia rigidez de la vida soviética" 26.
En esa época, aún los diplomáticos necesitaban un permiso
especial de las autoridades rusas para ir más allá de un radio de 40
km del centro de Moscú. Papá se sentía atado por formalidades a
las que nunca había prestado mayor atención y que no cumplía:
eludía permanentemente los controles soviéticos y se adentraba
en bosques y plantaciones buscando retoños de especies
desconocidas en San Juan. Sorprendido por la milicia, era
regresado a la Embajada, no sin antes ser sometido a engorrosos
trámites.
Todos estos factores, necesarios para ocupar el rol de
Embajador en una sociedad como la soviética, sumados a lo
inhóspito del clima, fueron los que precipitaron en Cantoni la
idea del regreso.
Además, hubo dos factores personales que lo empujaron a
volver.
Enterado de la venta de Guañizuil, quería salvar su otra
heredad, la de Carpintería, que estaba a la venta.
Por si fuera poco, estaba solo: mamá y yo ya habíamos salido
de Moscú. Partimos primero a Francia, instalándonos después en
Italia. Esta decisión fue motivada por un hecho puntual: una seria
virosis intestinal que había contraído... ¿o será por la cantidad de
conejos de chocolate que "vestían" mi torta de cumpleaños, y que
degusté "casi sola"? Después de la celebrada fiesta, ante los síntomas
de la enfermedad, y avecinándose el invierno ruso, nosotras nos
despedimos de Moscú.

      

      

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Hacedores

Debe haber algo en la geografía de San Juan que permite el
milagro de forjar hacedores, hombres y mujeres capaces de pensar
con mente abierta, sin ceñirse a dogmas cerrados, aunque sí a
objetivos innegociables: que el pueblo de San Juan crezca, se
desarrolle y aporte entonces, al engrandecimiento de la Argentina
toda. Así lo soñó Sarmiento y lo hizo. Así también lo imaginó
Federico Cantoni y lo concretó.. Araceli Bellota

1er Voto Femenino

Domingo Faustino Sarmiento,
valorizó a la mujer como participe del desarrollo de un país. Así
también lo entendio Cantoni completando la obra, en
1927, abriéndoles la puerta del sufragio provincial. Fue también
en esta provincia donde resultó electa la primera diputada de
América Latina, Emar Acosta.. Araceli Bellota

Historico

"Cantoni y el Bloquismo" bien pueden ser considerados como un eslabón clave en el proceso histórico de lo que suele denominarse en la Argentina “pensamiento nacional y popular”. Una suerte de pasaje natural entre el radicalismo y el peronismo naciente, incluso anticipandose al 17 de octubre de 1945 en más de dos décadas, cuando en 1923 presentó su candidatura desde la cárcel, y el pueblo sanjuanino lo rescató, llevándolo desde la celda hasta el mismo sillón de Sarmiento
Araceli Bellota
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