Ursulina Cantoni - 41 Cantoni Ecologista
Otra faceta, otra pasión: la agricultura. "Ursulinita, la naturaleza y los que con ella conviven, es lo único que no te defraudará en la vida... Cuídala... es tu cobijo y tu sustento...". ¡Que magisterio de vida! No me olvidaré nunca de sus sabias enseñanzas.

Más aún con el correr del tiempo, cuando verifico que tuve
a mi lado a un maestro. Es decir, un hombre que pensaba y actuaba
con el mismo proceder, para todo y para todos; en todo momento
y en todo lugar... en su casa y en sus luchas.
No conocía el doblez.
Predicaba con su ejemplo, y cada día lo valoro más. Sobre
todo en este tiempo en que todo es relativo y la mayoría se expresa
según conviene, con quien conviene y para qué conviene. No lo
soporto. Me enseñaron de otra manera.
Hoy, a más de cincuenta años de no tenerlo aquí, suenan
todavía en mi recuerdo aquellas palabras que me transmitió a
manera de profecía. Estoy convencida de ellas. Más aún hoy, con
mis años maduros, y después de haber transitado la decepción del
"conventillo político" de los años recientes. Es por ello que me
aferro al campo, para recibir el magnetismo de su lealtad y de su
grandeza.
Pendiente de mi formación, en forma discreta y gradual, fue
reemplazando mis horas de juego, con horas de aprendizaje. Se
distanciaron definitivamente las muñecas. Se acercaron los tiempos
dedicados no solamente a la escuela, sino al trabajo en las fincas -
esto último, los fines de semana o antes de viajar al colegio-.
Teníamos en Pocito un invernadero cubierto con mamparas
vidriadas, un poco más profundo que el piso de la finquita; es
decir que "bajábamos a él": ¿quiénes? Papá, yo y don Antonio
(antiguo obrero encargado del vivero).
Junto a nosotros bajaban y subían estacas de olivo, de vides,
macetitas con pinitos, y de todo tipo de árboles que Cantoni
cuidaba con rigor y esmero. Injertaba y observaba. Y me enseñaba
a injertar. Eso sí, mis injertos se reducían a las ramas adultas, donde
con facilidad podía mostrarme cómo separar la corteza,
permitiendo introducir la estaca para después amarrarla
firmemente con totora sellándola, por último, con cera caliente.
Una vez que los injertos se desarrollaban en La Cantonina,
eran trasladados a los lugares donde serían plantados. Si debían
estacionarse más tiempo -al aire libre- antes de su destino final,
eran trasladados a otro vivero nuestro, de cuatro hectáreas, cercano
a la Finca de Carpintería -como "de adaptación-".
Sin lugar a duda, la mayor dedicación de Cantoni se centraba
en sus plantines de olivo, los que había logrado reproducir de
innumerables estacas foráneas -enviadas por avión desde Europay
de las variedades nuevas, que resultaron de sus experiencias de
cruces genéticos conseguidos a través de sus injertos.
Dichos plantines eran prolijamente clasificados y, previa
constancia en sus cuadernos de agricultura, eran plantados en la
estancia de Tucunuco. Allí logró conformar el vivero de olivos
más grande de Latinoamérica (en ese tiempo constaba de 600
hectáreas cultivadas).
Allí llegaban estudiosos de la provincia, el país o el extranjero
a reconocer las nuevas variedades. Allí junto a Cantoni se formaron
hombres de bien, que tuvieron un relevante desempeño en el
exterior: como Lucio Reca y Alejandro Orfila (h).
Era permanente y fluido el trato que Cantoni mantenía con
la Facultad de Enología de Rodeo del Medio, Mendoza, y
fundamentalmente con el Padre Oreglia, que encabezaba los grupos
de estudiantes de esta prestigiosa institución. Fue un gran
admirador y divulgador de la hazaña olivícola de papá.
¡Qué no hizo Federico Cantoni por su sueño olivarero, que
concretó en ese Emporio Olivarero Tucunuco! ¡Cuánto trabajo,
amor, desafío, sin grandes recursos económicos, menos aún,
maquinaria con tecnología de punta como ahora.
SÓLO SUS GANAS DE DAR Y SU ENERGÍA.
Seguramente resultaré reiterativa al enfatizar la personalidad
de mi padre. Debo hacerlo. Sobre todo cuando siento, leo o me
cuentan expresiones de algunas personas que, sin fundamentos,
hablan u opinan "cualquier cosa". Técnica muy común para
dárselas de "familiares" o "entendidos", de "conocidos" o de "haber
participado" de la intimidad de Cantoni. Eso me da bronca. Pero,
día a día, caen como títeres sin cabeza.
Don Fico era torrentoso, pero claro y trasparente como el
agua que baja de la Cordillera.
Pero pensándolo después -un poco- me tranquilizo al
recapacitar que no todos somos mediocres y que ¡alabado sea Dios!
también existen los justos y pensantes, aquellos que saben
reconocer y hasta admirar la "grandeza de otros", así como también
sus fallas.
Toda su lucha por la agricultura me consta, yo lo vi y lo
acompañé en esa etapa de su vida.
Lo vi rodar con su mula... palpé "el cansancio de sus afanes"
y puedo testimoniar que allí dejó -en aquellas tierras- sus últimas
fuerzas, enmarañadas en sus alientos y sus esperanzas. "Ursulinita,
acá haremos la fábrica de aceite; enfrente, la de aceitunas en conserva",
me comentaba mientras él en su mula y yo en mi peruana -la
"Urupa"-recorríamos aquel rincón alejado del mundo, que fue de
tierras sin cultivar y él las revivió en este milagro: Tucunuco, aún
con sus aguas duras y salinas.
¡Lo que sería hoy con el auge mundial de la olivicultura!
¡Si esto que narro fue antes de 1956!
Prueba fehaciente de ello es la nota de Diario de Cuyo del
9 de noviembre de 1997:
Con la colaboración de antiguos pobladores y productores de Jáchal,
hemos podido reconstruir aquella época, en que el olivo parecía aglutinar
todas las expectativas de desarrollo en el departamento norteño.
Los testimonios son coincidentes en conferir a la personalidad de
Federico Cantoni, el empuje, la visión y, sobre todas las cosas: el
convencimiento pleno de que a través de este cultivo, podía revolucionarse
la alicaída economía regional.
Existe unánime opinión en considerar a Cantoni como uno de los
grandes sistematizadores de la actividad olivícola en el país, destacándose
su metodología de trabajo, los programas de investigación y producción
que implementara, esa pasión por introducir variedades nuevas de éxito
probado en el Viejo Mundo, en Argelia y en Marruecos. También aquella
larga amistad, mutua colaboración y pasión común con otra figura
descollante de la olivicultura nacional, el Profesor Rvdo. Francisco
Oreglia.
Pocas veces nuestra provincia, habrá de presenciar una tarea de
investigación tan intensa, orientada a resolver aspectos básicos de su
desarrollo: como el "Programa Olivarero de Tucunuco".
La sola mención de los estudios realizados, la respuesta de la
naturaleza y la expectativa, hoy más actual que nunca, de recuperar
vastas superficies improductivas, aconsejan recordar esta nómina de
variedades seleccionadas y recomendadas para la zona. Esta actividad
tuvo, sin lugar a duda, una incidencia directa en la actitud de los
productores jachalleros, al punto que las estadísticas del Banco de la
Nación Argentina consignan, a fines de 1950, una superficie de 3200
hectáreas en el departamento.
Frente a logros tan contundentes, ante el tiempo y el trabajo
invertidos en la reunión de una de las colecciones de variedades de olivos,
más completa del mundo, las pregunta afloran inevitablemente: ¿qué
ocurrió realmente en Jáchal? ¿cuáles fueron las causas que llevarían a la
erradicación de los olivares del departamento, y al abandono de Tucunuco?
Para encontrar una respuesta válida resulta preciso aludir a aquella
injusta campaña de desprestigio sufrida por el aceite de oliva al que,
errónea o interesadamente, le fueron atribuidos contenidos nocivos de
colesterol. A ella se sumó la falta de respuestas, por parte de los gobiernos
nacionales y provinciales, al reclamo de los productores. Y en el caso
concreto de Tucunuco, a la expropiación y la ocupación por guerrilleros.
Hoy soplan otros vientos en el mundo, en tanto que se verifica una
demanda creciente de aceite de oliva. Lamentablemente para Jáchal y su
zona de influencia los olivos son sólo un recuerdo. Desespera pensar que,
de haberse mantenido aquellos olivares, estaríamos frente a un pueblo
agroindustrial sólido, autosuficiente y con capacidad para proyectar al
mundo el "maná de las regiones cuyanas".
Pero Cantoni vivió en el lugar y el tiempo equivocado.

  

Volver al Inicio

Hacedores

Debe haber algo en la geografía de San Juan que permite el
milagro de forjar hacedores, hombres y mujeres capaces de pensar
con mente abierta, sin ceñirse a dogmas cerrados, aunque sí a
objetivos innegociables: que el pueblo de San Juan crezca, se
desarrolle y aporte entonces, al engrandecimiento de la Argentina
toda. Así lo soñó Sarmiento y lo hizo. Así también lo imaginó
Federico Cantoni y lo concretó.. Araceli Bellota

1er Voto Femenino

Domingo Faustino Sarmiento,
valorizó a la mujer como participe del desarrollo de un país. Así
también lo entendio Cantoni completando la obra, en
1927, abriéndoles la puerta del sufragio provincial. Fue también
en esta provincia donde resultó electa la primera diputada de
América Latina, Emar Acosta.. Araceli Bellota

Historico

"Cantoni y el Bloquismo" bien pueden ser considerados como un eslabón clave en el proceso histórico de lo que suele denominarse en la Argentina “pensamiento nacional y popular”. Una suerte de pasaje natural entre el radicalismo y el peronismo naciente, incluso anticipandose al 17 de octubre de 1945 en más de dos décadas, cuando en 1923 presentó su candidatura desde la cárcel, y el pueblo sanjuanino lo rescató, llevándolo desde la celda hasta el mismo sillón de Sarmiento
Araceli Bellota
.