Ursulina Cantoni - 42 Del campo a la ciudad en los crepúsculos de mi infancia Tucunuco.
Conteste a mi decisión de respetar el orden y la valía de los testimonios, dejaré que se exprese primero mi madre, coautora

Dice Graciela Cibeira de Cantoni:

"Es un importante distrito de Jáchal, provincia de San Juan. Palabra
de origen indígena, "Tucu" -coleóptero muy común en esos campos, "muko",
quiere decir removido, aplastado. O sea que, etimológicamente, Tucunuco
significa "insecto aplastado".
Fue un oasis en el desierto, la puerta siempre abierta para el cansado
viajero, la mano amiga, la sombra protectora. Por eso no me explico, que
de tantas personas que llegaron allí -sin distinción de clases, credo o
ideologías- ninguno narró ese pasado promisor que fue un canto al trabajo.
No soy la persona indicada para hacerlo, porque cuando los afectos
son tan hondos y perdurables como los míos, tal vez mi parcialidad me
impida hacerlo con objetividad. Pero me limitaré a un pequeño relato
fidedigno, en homenaje a la historia, que debe ser veraz, y para dejar
aclarado que todo lo que se hizo y hubo allí es obra de la Sociedad
Anónima Olivarera Tucunuco, dirigida por Federico Cantoni, ya
que la colonia que allí se instaló luego tuvo corta y mala vida.
Tucunuco, antiguamente una posta en el desértico camino, donde
sólo habían cactus, chilcas, pichanas y arenas, posta de la mensajería
que hacía el viaje con pasajeros de Jáchal a San Juan y viceversa, de
carros quejumbrosos de tanto andar, que transportaban mercaderías. Allí,
el caminante agobiado encontraba agua y alimentos para él y sus
animales, y descanso para su fatiga. La casona acogedora con su mesa
bien tendida, sus cántaros llenos, los chivitos en el asador, todo era
algarabía hasta que el cuerno anunciaba proseguir el viaje. Y el valle
volvía a la paz bucólica solamente interrumpida por el trinar de los pájaros.
A Tucunuco llegaron las primeras galeras tras jornadas fatigosas. ¿Quién
no recuerda, en tiempos posteriores, las seis mensajerías de Don Enrique
Schiadi?
Cuando su propietario fue el Dr. Doncel, el trabajo cobró ritmo
-llegó a tener 450 hectáreas de alfalfares y grandes extensiones de
trigo-. El molino harinero allí instalado, molía todo el trigo producido
en la zona y en Mogna. Con su desaparición, el ritmo de trabajo en
la estancia decayó, ya que se necesitaba mucho trabajo y dinero. Doña
Pepa, madre del Dr. Doncel, mujer admirable y luchadora, seguía
viajando con sus mulas mensajeras, hasta que autos particulares como
los de Boada y Platero las reemplazaron.
El fallecimiento de sus dueños sumió en el letargo a esta estancia
necesitada de grandes inversiones, no solamente en mano de obra, sino
también en maquinarias, pero a pesar de todo, el abandono no la sepultó
en el olvido: los pimientos seculares seguían marcando la posta, las familias
pocas que quedaron, tenían su majadita de cabras, que vivían allí, al
amparo de las vegas pobladas de pasturas; la leña era abundante y se
comercializaba el algarrobo y el chañar.
Fueron varios sus dueños, pero la lucha era titánica, y los trabajos,
al poco tiempo de ser emprendidos, eran abandonados. Siendo propietario
Don Román Becerra, la Municipalidad de Jáchal lo remata públicamente,
y lo adquiere el señor Rocco Carbone, italiano amigo de Cantoni. Él
organizó la Sociedad Anónima Olivarera Tucunuco, cuyo principal
accionista fue Federico. Los otros socios fueron el industrial textil italiano
Dr. Fabio Nider, el Gral. José Cermesoni, el Dr. Antonio Copello, Ricardo
Cermesoni, Francisco García Salinas, el Dr. Graciano Reca.
Nueva fisonomía tomó Tucunuco cuando Federico -trabajador
incansable y amante de la agricultura-, dirigiendo la Sociedad, decidió
transformarlo. Una vez realizada la toma y la red de riego, de primordial
importancia, se abocó a la plantación de grandes cantidades de cipreses,
coníferas de todas las especies, eucaliptos, aguaribay y palmeras. De
inmediato le dio fisonomía de pueblo, instaló el correo y el telégrafo, y el
entonces Director General de Escuelas, don José Aristóbulo García, creó
la escuela "Congreso de Tucumán". La plaza, donde todavía subsiste el
busto del maestro de América, fue construida con la colaboración de los
maestros y alumnos, se plantaron pinos y cipreses con almácigos traídos
desde Villa Gesell, provincia de Buenos Aires.
La construcción de la iglesia fue dirigida por don Carlos Varese, y
don Domingo Páez, con su maestría innata, modeló las piedras traídas
de las canteras de Niquivil. Las cabriadas del techo fueron traídas de la
ex iglesia "El Buen Pastor", (ubicada sobre la Avda. 9 de julio en la
ciudad de San Juan, antes de ser derribada por el terremoto). En la parte
frontal de la iglesia se construyó una ermita para colocar la imagen que
veneraban los antiguos pobladores: según las narraciones del Dr. Pedro
Alfonso Hernández, historiador de nuestras guerras civiles, cuando
anduvieron por Tucunuco las tropas federales comandadas por los
hermanos Aldao -José y Francisco- tuvieron un encuentro con las fuerzas
de Nicolás Vega, y alguien sacó una imagen de piedra, que se veneraba
en la aldea, y la enterró en algún lugar cerca de "los Pozos", por miedo a
que fuera raptada por los vencedores, al librarse la batalla de Tafín.
Federico ordenó varias excavaciones en su búsqueda, que se hacían durante
Semana Santa, pero sin éxito; era nuestro propósito llamarla La Virgen
del Olivo y colocarla en la ermita. Se pensó entonces en la Virgen de
Andacollo muy adorada por los peones, la mayoría descendiente de chilenos.
La capilla fue bendecida por Monseñor Martínez Seara.
Dos fiestas importantes tuvo el pueblo: Nuestra Señora de
Andacollo, el 4 de diciembre (cuando se inauguró el templo se regularizó
la situación de 40 parejas), y la de San Cayetano, el 7 de agosto, día
en que se carneaba un novillo y se repartía el "pan de San Cayetano".
A estas fiestas asistían moquineros, niquivileros, y gente de los pueblos y
puestos aledaños.
Federico plantó en Tucunuco 600 hectáreas de olivos, dando un
gran empuje al cultivo en Jáchal. Su experiencia lo llevó a realizar el
primer estudio ecológico de San Juan en torno a la olivicultura. Los olivares
eran exponentes de vigor y de diversas variedades, cuyas estacas habíamos
traído de nuestro viaje por Europa, siendo las púas de los montes de Suecia,
Argelia, Francia, Italia y de Sicilia. Así logró desarrollar cientos de clones.
Algunas de las variedades eran: "Della Madona"; "Menara nº 1";
"Nevadillo o Norteña"; "Croussar de vas"; "Gaulletier"; "Colombali";
"Merenguard"; "Cros de Constantine"; Ben el Hamar"; "Coratire";
"Cucce"; "Lucques"; "San Agostino"; "Aloreñam"; "Morchian";
"Ascolano Tierna Carignola"; "Tagiasce"; "Casa Kiva"; "Graos Rivier";
"Picioline"; "Menara nº 2"; "Verdale"; "Farge"; "Belmonte"... Inclusive
obtuvo clones con sello propio como ser la "Santa Úrsula".
Los excelentes resultados obtenidos en la estancia, superaron a los
promedios de los valles de Tulum -Ullum y Zonda-, y a las experiencias
conseguidas por el presbítero Francisco Oreglia en Rodeo del Medio,
Mendoza.
Al respecto se conservan, como documento indubitable, los análisis
cruzados que, en la decada del 50, intercalaban entre sí: El Instituto
Olivarero "Ángel Cantoni" (de Tucunuco); el Instituto "Alto de Sierra"
(nacional); el Instituto Privado "Bartolomé del Bono" (San Juan) y el
Instituto Salesiano de Control Agrícola (de Rodeo del Medio, Mendoza).
El estudio concluyó, que las olivas aceiteras de Tucunuco, exhibieron
un porcentaje de aceite superior al registrado por la producción en el resto
de ambas provincias. Lamentablemente, aquel emporio terminó siendo
expropiado, y los olivares de Tucunuco, olvidados y depredados -en esa
época fueron erradicadas 30.000 hectáreas de olivo en San Juan, por la
caída momentánea en el mercado-.
Habían 4oo hectáreas plantadas en plena producción,
cuando el Superior Gobierno de la Provincia, por decreto Nº
123 "DE FECHA 26 DE ENERO DE 1976, LA DECLARA
AFECTADA A EXPROPIACIÓN, DENTRO DE LA
CERTIFICACIÓN POR CAUSA DE UTILIDAD PÚBLICA
CONTENIDA EN EL ARTÍCULO 13, INCISO ‘C’ DE LA
LEY Nº 919". En ese momento, en la estancia de Tucunuco había, no
solamente los grandes olivares y el vivero, sino grandes extensiones de
alfalfares, ganado vacuno, ovino, caprino, porcino, lo que hacía de ella
una estancia sumamente importante.
Al hacerse efectiva la expropiación, se instala una colonia, para la
cual se construyen algunas viviendas, algunas de las cuales quedaron sin
terminar, ya que al producirse el Golpe Militar del 76, la mayoría de los
colonos radicados, que eran Montoneros, abandonó rápidamente el lugar,
no sin antes destruir con incendios y, cortando la madera para venderla,
gran parte de las hectáreas de olivares, y destruyendo lo que podían.
Este pueblo que Federico revivió y que transformó la vida de Jáchal,
se convirtió, en las manos de esos colonos -nefastos depredadores-, en un
cementerio.
Hablar de Tucunuco para los que vivimos allí, para los que
amasamos sueños y esperanzas, y trabajamos a la par de los obreros para
cumplir el sueño largamente acariciado, resulta sumamente doloroso: no
sólo porque dejó de pertenecerme, sino por el abandono, que fue TOTAL.
Para salvarlo de esta agonía, y que quedara alguna de las empresas
privadas de Cantoni, acompañé en diversas oportunidades a un gran
agricultor jachallero: Jesús Fuentes, hombre de empresa y solvencia con
quien golpeamos muchas puertas para que se le alquilara o se le vendiera
alguna porción, pero siempre con resultado negativo.
Después de la expropiación, se comentaron varias posibilidades
de revivir Tucunuco:
En 1988, Fernando Alfonsín (encargado por ese entonces
de la Promoción Social de la Nación) visitó Tucunuco y se elaboró
un Proyecto para dar parcelas a egresados de Escuelas Agrotécnicas:
nunca se concretó.
Antes de fallecer mi madre, estuvo la posibilidad de que se
instalaran los "Cartujos", importante orden católica. Esta noticia
le proporcionó la última alegría... ¡Gracias a Dios no se enteró de
que el proyecto también fracasó! Los monjes no se decidieron, a
pesar de lo maravillados que quedaron con el lugar. Nuevamente
en el año 2000, durante el mandato de Alfredo Avelín, dos
chacareros pocitanos -Ángel Durán y Manuel Peña- propusieron
plantar cebollas y ajos. El comodato fue firmado por decreto nº
1778 el 29 de septiembre. Pero tampoco prosperó.
Dicen que hay un nuevo intento para reactivarlo.
No lo sé... Yo espero...
Porque lo cierto es que hoy en día existen solo el abandono
y la soledad, si hasta dejaron secar los cientos de hectáreas de olivo,
¡y vendían la madera para leña!
Sus propietarios actuales, el Gobierno de San Juan, no se
interesó en darle un nuevo destino, y lo dejaron morir. Y eso que
del 76 a la fecha, hubo gobiernos Bloquistas, tan ineptos en estos
temas como cualquier otro.
Tiene pues el gobierno de San Juan una gran deuda con la
historia de la olivicultura provincial, y con la figura de Cantoni.
Y debe pagarla. RESUCITAR TUCUNUCO.
Es una deuda de reparación histórica: devolver un capítulo
arrancado del libro de la olivicultura en San Juan.



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Hacedores

Debe haber algo en la geografía de San Juan que permite el
milagro de forjar hacedores, hombres y mujeres capaces de pensar
con mente abierta, sin ceñirse a dogmas cerrados, aunque sí a
objetivos innegociables: que el pueblo de San Juan crezca, se
desarrolle y aporte entonces, al engrandecimiento de la Argentina
toda. Así lo soñó Sarmiento y lo hizo. Así también lo imaginó
Federico Cantoni y lo concretó.. Araceli Bellota

1er Voto Femenino

Domingo Faustino Sarmiento,
valorizó a la mujer como participe del desarrollo de un país. Así
también lo entendio Cantoni completando la obra, en
1927, abriéndoles la puerta del sufragio provincial. Fue también
en esta provincia donde resultó electa la primera diputada de
América Latina, Emar Acosta.. Araceli Bellota

Historico

"Cantoni y el Bloquismo" bien pueden ser considerados como un eslabón clave en el proceso histórico de lo que suele denominarse en la Argentina “pensamiento nacional y popular”. Una suerte de pasaje natural entre el radicalismo y el peronismo naciente, incluso anticipandose al 17 de octubre de 1945 en más de dos décadas, cuando en 1923 presentó su candidatura desde la cárcel, y el pueblo sanjuanino lo rescató, llevándolo desde la celda hasta el mismo sillón de Sarmiento
Araceli Bellota
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