Ursulina Cantoni - 47 La muerte de Cantoni y la vacancia política... El principio del fin
Así relata mamá estas horas tan difíciles para nuestra familia: "Amaneció el 22 de julio de 1956, una mañana apacible que presagiaba un gran acontecimiento: el punto culminante de meses de trabajo dedicados a la reorganización del Partido Bloquista.

En nuestra casa de calle Santiago del Estero y Libertador, la galería estaba repleta de amigos pletóricos de alegría, que vinieron a acompañarlo a Santa Lucía, donde, frente a la plaza, se iba a realizar su proclamación. En un momento interrumpió la algarabía de los amigos, se fue al dormitorio y me llamó. ¡No olvidaré nunca esa escena! Se afirmó en la caja de hierro apoyando sus brazos sobre mis hombros y me dijo: 'Negra, guardá este cheque que más tarde te hará falta'. Yo le pregunté por qué. '¡Guardalo!'.
Lo recuerdo nítidamente. Era un cheque de Don Gerónimo Barceló, bodeguero de Pocito propietario de La Niña Bonita, por diecisiete mil pesos, por lo que nos compraba la uva que teníamos. Después me preguntó: '¿y el auto? Ya es hora de salir'. Yo se lo había prestado a un sobrino por un momento y se lo manifesté. Entonces me dijo: 'pobre Negra, no seas tan buena... vas a llorar lágrimas de sangre cuando yo me muera'. Se hizo una caravana de correligionarios. Federico iba en el auto adelante con el chofer y Ursulina en el medio -siempre la llevaba con él-, atrás mi sobrino Osiris Cantoni, Nicolás Mini y yo. No era solamente una hermosa caravana: a lo largo del camino, el fervor de la gente apostada en las puertas de las casas lo acompañaba, con aplausos y gritos. Su pueblo, sin saberlo, lo despedía.
Llegamos al local preparado en Santa Lucía, un lugar muy amplio que estaba colmado. Fue algo muy emocionante. Su discurso me impactó, pues hablaba con la locuacidad de los años jóvenes.
Al terminar y bajar de la tarima, no quiso aceptar ni una empanada, y me dijo: 'Vamos, me duele la cabeza'. Yo sabía que era hipertenso, y cuando vi cómo se había puesto el sombrero le dije: 'Federico, ¡te has puesto mal el sombrero!'. Trató de arreglárselo pero no pudo. Subimos rápido al auto palpitando un problema de salud. Él subió pero no habló nada. Lo único que decía Ursulina a cada momento era: '¡Papá, no me apretés tan fuerte!'.
Al comentar a los médicos, dicen que ya tenía el ataque y que no tenía control en los brazos. Llegamos urgente a casa, abrió la puerta del auto pero no pudo bajarse. Lo bajaron Poroto, Illanes y Mini con dificultad, mientras yo corría al dormitorio para abrir la cama. Al llegar, al parecer no veía, no hablaba... un ronquido y el estertor de su agonía. Falleció a las 21 y 25 minutos.
Muchísimos médicos se hicieron presentes; llamé urgente a Mendoza, al Dr. Sabat (que lo salvó cuando lo hirieron en la cabeza), pero me dijo que era un ataque cerebral fatal. Yo he cavilado mucho y no olvidaré nunca la escena en el dormitorio, cuando me entregó el cheque, y surgen estos interrogantes: ¿se sintió enfermo? ¿presagió su ataque? Me manifestó el Dr. Sabat, cuando yo le contaba que hablaba con la verborragia de los años jóvenes, que era por la gran irrigación en el cerebro.
Así se fue, dejando desolada a su familia y a un pueblo que lo amó con los quilates que lo adornaban. Hasta los mismos adversarios supieron valorar en él la grandeza del luchador nato.
Los médicos que estuvieron a su lado comprobaron con estupor, los machucones y ramalazos provocados por las piedras y ramas de Tucunuco, pues él trabajaba a la par de los peones.
Federico fue muy querido y su pueblo lo lloró sin retaceos. Fue médico de cuerpo y alma... y dejó su huella en cada rincón de su tierra y en cada corazón de su gente-.
Presencié tantas muestras de dolor de personas a quienes él había salvado con su ciencia que, como cristiana y católica, sé que él está al lado de Dios'. Muchos de los testigos de aquel doloroso suceso ya no existen. Otro, nos acompañó hasta agosto de 2007. Me refiero al Dr. Osiris Cantoni, con quien repasamos lo acontecido hace apenas unos meses, en ocasión, justamente, de comenzar este libro. Él era quien lo atendía permanentemente, él el que estaba ese día en el auto, y él el que le hizo la 'sangría', ya en su cama. También recuerdo la figura de Idalina, que abrió la puerta para recibir a la triste comitiva que llegaba del acto.
Pero el testigo más importante fui YO, que no podía entender lo que pasaba, o no quería hacerlo. ¡Cómo podía MI PAPÁ estar enfermo, o en peligro, menos aún llegar a morir! ¿Qué iba a pasar con nosotras?
Recuerdo la multitud de gente acudiendo presurosa a nuestro domicilio, incrédulos y espantados ante la realidad. A mi hermanita y a mí nos mandaron a la casa de la familia Pósleman, para evitarnos tanto dolor. Vivían a cuatro casas de la nuestra. Por supuesto, yo me escapé y regresé al lado de mi padre. Recuerdo con dolor su agonía, la camisa celeste manchada con su sangre. Sangre que se veía también al pie de la cama, sangre recogida con algodones por aquel correligionario fiel y gran amigo, Águedo Herrero (ya ha fallecido, pero estoy segura de que sus hijos conocerán el episodio).
Se presentan a mi mente el dolor de los rostros y el silencio profundo. De repente la vida cambiaba rápidamente... El tiempo parecía detenerse frente a la muerte cercana y palpable. Las frases se superponían: 'cuidado con lo que se habla, él está consciente...' Por eso: se expresaban algunas frases de optimismo y de aliento, de amor y esperanza. Luego, más silencio.
'- Mamá, ¿puedo besarlo?'
'-Con toda tu alma- y luego me susurraba al oído - serán los últimos besos que le darás con vida».
Y así falleció. Ese domingo 22 de julio de 1956, a las 21 y 25 minutos. A su lado, estábamos mi madre, yo, y todos aquellos que habían pugnado por salvar su vida.
A esa hora entraba a la historia. Yo sentí que la felicidad de mi infancia terminaba, y que, de repente, entraba en otra etapa... Y así fue.
Se apagó mi lucero. Terminó la magia del idilio de mi existencia con papá. Se acabó la brillantez de lo que significó permanecer al lado de un ser tan extraordinario, aunque haya sido por ese corto -pero valioso- tiempo que, desde siempre, le estuvo destinado para compartir conmigo.
* * *
Murió Cantoni, y aparecieron simultáneamente el dolor y la desesperanza. Aparecieron los que lloraban con su partida -la mayoría del pueblo de San Juan -. Y también aparecieron esos pocos que, presurosos, se alistaban para usufructuar 'algo' de ese doloroso suceso.
Es decir, apareció la hipocresía y la mentira. Aquellos que, cobardemente querían hacerse los fuertes (los que nunca se animaron a enfrentar a Cantoni) ahora sí se preparaban para 'aprovechar el momento'.
Había que heredar la vacancia política, la herencia más valiosa de Don Fico. Y si se podía algo más... ¡mejor! Sólo había que sortear algunos obstáculos: congraciarse con la dirigencia partidaria, demostrar más 'habilidad' en sobresalir que los jóvenes y dolidos sobrinos, también más capacidad de trabajo, que éstos, y que Eudoro Rodríguez.
Los herederos naturales eran irrelevantes: una viuda de 41 años indefensa, dolorida y estupefacta, y dos hijas menores (yo con 11 años, y Gracielita con 7 y la necesidad de una atención diferente).
Valía la pena intentarlo.
Aparecieron los Bravo.
Según algunos comentarios, éstos habrían pertenecido al círculo íntimo de Cantoni. Lo desmiento categóricamente: sé que integraron la comitiva de la Embajada: Leopoldo, como secretario del Partido, y F. Saturnino, por invitación de la ingenua de mi madre (estaba de luna de miel, y se lo rogó).
De 'Pico' tengo recuerdos anteriores al fallecimiento de mi padre: era quien me ponía las inyecciones y vacunas, y atendía las necesidades médicas de nosotras, las hijas de Cantoni, cuando éste no estaba en su casa. Era solo un vecino médico... Recuerdo nítidamente las veces que se lo llamaba a casa por las atenciones mencionadas. Sé que nunca fue tratado con familiaridad por mi padre. Si su opaca personalidad lo hacía invisible a mi mente de niña, aún con más razón resultaría irrelevante para Cantoni.
Hasta el momento del velatorio, yo no tenía ningún recuerdo de Leopoldo Bravo. Es que al dejar Cantoni su cargo en Rusia, él permaneció en la Embajada junto con una parte de la comitiva. Dice Zelmar Barbosa, que en una entrevista mantenida con Leopoldo Bravo, éste le confió: 'Para el Dr. Cantoni, yo no significaba nada más que un simple correligionario... yo no tenía ninguna trascendencia en San Juan' .
Inteligentemente decidió quedarse y ocupar el sitial vacío, logrando con su presencia, su pasividad al régimen ruso, el estudio fluido del idioma y su habilidad manipuladora, trascender del anonimato.
Esto le valió la permanencia de 8 años en Europa Oriental. Recién en 1955, al entender el seguro derrocamiento de Perón, presentó su dimisión a la Embajada, regresó a la Argentina y se instaló en Buenos Aires. Siempre en el momento y el lugar adecuado.
* * *
Obviamente, se apresuró en viajar ante la muerte de mi padre, como tantos bloquistas, desde tantos lugares del país!!! Ese día, en el velatorio, entre el maremagnum de gente que se acercaba a sus restos para despedirlo, supe de él. Y lo supe por su propia actitud, ante una decisión mía.
Antes de cerrar el cajón, corrí a mi dormitorio32 a traer una de mis pertenencias más apreciadas. Presurosa, y ante el asombro de mi propia madre, coloqué sobre su cuerpo la magnífica mantilla traída de España que me regalara el Dr. Alejandro Orfila para que luciera en mi boda. No sé por qué lo hice, tal vez quería que una parte de mí estuviera con él. Y en ese momento, en que se me acababa la vida, sentí un pedido: 'No se la pongas, podés necesitarla vos'.
Rápida de reflejos, contestataria y con mucha sangre italiana en mis venas, pregunté: '¿Quién sos para opinar?'. Cumplí mi cometido, y deposité mi precioso objeto para que lo acompañara en su viaje sin retorno. No tardé en preguntar quién era ese desconocido... ahí supe de la existencia de Leopoldo Bravo.
* * *
Después... no sé cómo contarlo: San Juan se puso de pie. Una marea humana cubría la Avenida Libertador, y la misma se trasladaba acompañando el cajón, que fue llevado a pulso hasta el cementerio de la capital -nunca subió a la carroza de caballos negros- . Varias de ellas sólo llevaron coronas.
Después... los acordes del Réquiem de Mozart... los discursos... los centenares de coronas... el dolor de la gente... Todas las primeras planas de los diarios del país reiteraban la noticia. Federico Cantoni había fallecido.
A partir de ese día, mi asombrada infancia acompañó -siempre vestida de riguroso luto- a numerosos correligionarios a lo largo de diversas giras políticas. Siempre... mis primos Cantoni, Eudoro Rodríguez, Rodríguez Pinto, también Leopoldo (foto al pie). Y yo, con mis pocos años, pero como lo que soy: la hija del líder, la hija del caudillo. Porque ahí ¡sí que era útil! Esa pequeña doliente, era motivo suficiente para movilizar las fibras más íntimas de quienes lloraban la muerte de Cantoni. Es decir, me llevaban a manera de estandarte, mientras se gestaba la sucesión por la Jefatura del Partido Bloquista.
El vicepresidente del Partido, se hizo cargo. Y fueron la estructura partidaria, más el dolor por Cantoni, las causas de la victoria electoral a la Convención Constituyente. No obstante, había que solucionar la vacancia política, se empezaban a palpar las internas y las inminentes elecciones de febrero del 58. Uno de los hombres preparados al lado de mi padre era Eudoro Rodríguez, que presentó una de las internas partidarias.
Para oponerse a su figura, los viejos bloquistas necesitaban sacar un as de la manga para que acompañara a Rodríguez Pinto, en la fórmula de gobernador y vice. Y pensaron en Bravo.
En primer lugar, no había participado en las luchas intestinas por la vacancia política. Eso estaba a su favor: lo hacía más aséptico. Además, podían -convenientemente- acrecentar los rumores de que Leopoldo y sus hermanos eran hijos de Cantoni. Esto sería un puntal muy fuerte ante el pueblo dolorido. ¡Sus verdaderas hijas tenían sólo 11 y 7 años! Así empezó la carrera política de Leopoldo Bravo en San Juan. Es que, al contrario de Cantoni, él siempre estuvo en el lugar y el momento adecuado.
* * *
Dispuesta a exorcizar lo doloroso, hablaré pues sobre los Bravo.
Los rumores sobre la filiación de los Bravo, los supe después de la muerte de mi padre. En casa, jamás se tocó el tema, menos aún en vida de papá. Pero él seguramente los conocía, y quiso resguardarnos de ellos.
Tengo en mi poder testamentos que explicitan claramente que tiene sólo dos hijas: MARÍA EVA URSULINA Y AIDA GRACIELA CANTONI. Pretendimos revalidarlos ante la Justicia, pero Bravo tenía el poder, y el poder manda.
Papá conocía muy bien el tema de que en sus 54 años de soltería y fogosidad, se le endilgaban amoríos y descendientes. No le daba importancia. Pero había una razón por la que dejó por escrito la verdad: un hombre mayor, saludable pero no inmortal, y conocedor de la hipocresía humana, quiso preservarnos hasta cuando él no estuviera con nosotras. Por eso los testamentos. La sociedad sanjuanina, conservadora y pacata -como todo pueblo chico-, hacía de la paternidad de los hijos "naturales", un tema escabroso. Tanto, que nunca se involucraba a una sola persona. Más en aquellas épocas, con más tiempo para rumores y escándalos. Pero eso no nos concierne...
Sin lugar a dudas, los rumores sobre la paternidad de Federico Cantoni, para los Bravo, eran muy convenientes. Primero que nada, porque Cantoni ya no estaba. Los herederos legítimos eran sencillos de sortear: una viuda y dos hijas menores. La herencia más importante, el Partido Bloquista, podía cosecharse casi sin esfuerzo. Inclusive, el propio Leopoldo dice, citado por Zelmar Barbosa:
"... Reconoce, que el parentesco que en los corrillos sanjuaninos, se le ha atribuido con Cantoni, pudo haber influido en la propuesta de los colaboradores de Don Federico..." 33.
* * *
Todavía recuerdo aquella tarde, la sorpresa de mi madre - quiso el destino que estuviera junto a ella- cuando le avisaron que la buscaba el ilustre ciudadano Dr. Horacio Videla, prestigioso historiador sanjuanino. Muy contenta salió a recibirlo. ¡Era un honor! Nada menos que este conspicuo vecino nos visitara, más aún habiendo sido opositor de Cantoni.
Venía a prevenirla. Los hermanos F. Saturnino y Rosa Elena Bravo le habían solicitado se ocupara de llevar el juicio de filiación. Lo rechazó categóricamente, e inmediatamente se dispuso a prevenirla, pues no faltaría quien lo hiciera. Efectivamente, apareció el Dr. Alberto Lloveras, quien - haciendo gala de su "mote decidor" (que anuncia las malas noticias)- llevó adelante nomás, el juicio.
Porque sí hubo juicio de filiación. Y puedo testimoniarlo con una copia certificada que, al terminarse el caso nos obsequió mi suegro, nuestro brillante defensor: el Doctor Carlos Basañes Zavalla, anticipándonos que, seguramente, el original se perdería. Tengo la copia guardada en la bóveda de un banco, fuera de San Juan. ¿Por qué? Ya nos "compraron" papeles importantes a quien fuera el escribano bloquista de mi madre, ya fallecido... que descanse en paz. Y también rompieron muebles de mi casa, y se sustrajeron documentos para sustentar el juicio. Todo envuelto en la mentira de un atraco simulado. Porque también se llevaron joyas, y por supuesto, la policía jamás encontró nada...
Es decir, que atropellaron con todo, y no los frenó nada. Nos embargaron, obligando a mi madre a volver a trabajar de maestra, y a retirar a Gracielita de un colegio especializado, en el que estaba internada en Buenos Aires. ¡¡¡Siendo que mi hermanita y yo éramos herederas indiscutibles!!! Hasta la misma señora Enoe Bravo, fue presentada por sus hijos para declarar en Tribunales, ya en las postrimerías de su vida... ¡¡¡Sin duda esto los pinta de cuerpo entero!!! Fue y declaró: "que sus hijos nunca tuvieron padre, y que tampoco lo iban a tener en ese momento..."
En fin... fue hace cincuenta años, forzado y doloroso...
De Leopoldo Bravo puedo decir que, astutamente, sin duda por el lugar político que ocupaba y por el futuro que éste le aseguraba, no acompaño a sus hermanos en el Juicio... oficialmente. Pero era él el que tenía el poder... era el respaldo. Le convenía mantenerse al margen.
Además, dice Zelmar Barbosa, que:
"... No es un tema éste en el cual Bravo se mueva con facilidad. Tampoco lo elude, aunque reconoce que nunca lo ha planteado en público. Con su habitual parquedad, su tono pausado y la mirada distante, Bravo recuerda que cuando le preguntaba a su madre, Enoe Bravo, respecto de quién era su padre, la madre invariablemente respondía: 'su madre y su padre es Enoe Bravo'. Enoe Bravo era una maestra sanjuanina, hija de un comerciante de buena posición y, según la recuerda Bravo, 'una mujer valiente, progresista, que se animó a enfrentar las habladurías de una sociedad tradicionalista que animaba sus tertulias con el chisme y el escándalo'. Era una mujer de carácter que educó a sus hijos en la doctrina católica, pero que los instaba a que no fueran unilaterales en su formación y que leyeran todo lo que estuviera a su alcance. Tenía una verdadera obsesión por darles una carrera a cada uno de ellos, y prefería las disciplinas técnicas, que serían, según decía, las que dominarían el mundo. Leopoldo Bravo, atraído desde muy joven por la política, encontró en la carrera de Derecho lo que más se le aproximaba; su hermano abrazó la medicina, y su hermana Rosa Elena se orientó por la Química.
Nunca escuchó Bravo de su madre reproche alguno contra nadie, y siempre la recuerda alegre, y responsabilizándose plenamente de sus actos. Nunca en su casa el tema de filiación fue motivo de preocupación. Nunca recibió Bravo de Cantoni manifestación alguna que revelase su paternidad, ni tampoco un trato diferente del que en el Partido, se prodigaba a cualquier joven" 34.
He querido transcribir textualmente este fragmento del libro de Zelmar Barbosa, para reflejar la opinión de Bravo al respecto. También traigo a colación otro registro de palabras de Bravo: en el suplemento "Enfoques" del Nuevo Diario del 11 de agosto de 2006, Juan Carlos Bataller testimoniaba haberle preguntado a Bravo qué era para él Federico Cantoni, si lo veía como padre, y que él le respondiera: "No. Era un Jefe político".
***
Quiero compartir otra inquietud que surge: Es difícil que, de tres hijos, ninguno tenga la impronta de algún gen... del supuesto padre. Al respecto, transcribo nuevamente un fragmento del libro de Zelmar Barbosa:
"... Cantoni era intuitivo, impetuoso, improvisador, locuaz y turbulento; se convertía, aún sin quererlo, en el centro de toda reunión. Sus actitudes frontales lo llevaban a contestar sin titubeos los agravios y a responder "a boca suelta" sin medir las consecuencias de sus actos. 'Nos odian porque nos temen' (ese era su lema). Era un hombre de acción, y si bien tenía respeto por las ideas, desconfiaba de aquellas que no fueran operativas: le fastidiaba la pura especulación, tanto como el fatuo academicismo.
Bravo era el reverso de la medalla. Detestaba la improvisación. Era medido, cerebral -tal vez demasiado reflexivo- y de muy pocas palabras. Amaba la disciplina y el orden y se sometía fácilmente a sus reglas: su rápida adaptación al mundo soviético así lo había demostrado. No temía los enfrentamientos, pero siempre prefería la aproximación indirecta: era un estratega menos brillante...
Lejos de las actitudes de Don Fico, era medido, pulcro en su presentación, y siempre prefería no decir todo lo que pensaba: era, por eso, dueño de su silencio. Y para quienes querían escrutar sus pensamientos, enigmático..." 35. "... Mientras el primero era frontal y definitivo, prefiriendo incluso perder antes que arriar sus banderas... Bravo usaba siempre una estrategia de aproximación indirecta: cedía en todo lo que consideraba accesorio, con tal de obtener, a la postre, su objetivo..." 36.
"... Además, Bravo había visto en Cantoni lo que era la vida de un político: una renuncia total a la privacidad, a lo doméstico, y una entrega sin domingos ni feriados a la causa de los demás. No estaba totalmente seguro de que le gustara ese estilo de vida: de haber podido elegir, tal vez hubiera preferido seguir en la diplomacia. Pero iba también con el temperamento de Bravo no oponerse a los designios del destino, y aquella tarde de 1957 -con el rumoroso fondo que ponía a sus palabras el incesante trajín de la calle Florida- prometió a los bloquistas acompañarlos en la "patriada" 37.
Como les decía... siempre en el lugar y momento adecuado. Llegaban otros tiempos... otro poder de turno... otro apellido... otro estilo.
En el esfuerzo de sólo decir la verdad, debo reconocer que Leopoldo Bravo, aún con otros métodos -algunos muy criticables, por cierto- supo mantener en pie al Partido Bloquista, haciéndose "de hecho", no "de derecho", merecedor a ocupar la vacancia, en los años posteriores a la muerte de Federico Cantoni. No necesitaba públicamente, mendigar un apellido, para consolidar el manejo de la verdadera herencia: el Bloquismo para el pueblo de San Juan. Así supo, y pudo, proyectar su propio apellido: Bravo. Con respecto a mi persona, debo reconocer, que en los años que trabajé dentro del Partido (lógicamente, desde el reinicio de la democracia), hasta fines de 1995, fue correcto conmigo. Jamás hizo mención, ni alusión, ni alardes de hechos o posibilidades de la pretendida paternidad. Es decir que podíamos compartir el trabajo partidario perfectamente, y todos respetaban esta situación: yo era la hija de Cantoni, él era el jefe del Partido. Pero lo cierto es que me utilizó, igual que a todos los Cantoni, dándonos "el portazo" cuando crecíamos un poco... haciendo honor a su apodo: el "Pelícano", que si no te "embucha", te "escupe"...
A partir de 1995 comenzó a manifestarse la declinación de su salud. Crecía la influencia de su esposa, Ivelice, y las imposiciones sobre que los hijos condujeran el Partido... y llegó la renovación... la juventud... la inexperiencia: Leopoldo Alfredo Bravo, Enrique Conti y Edgardo Sancassani a la cabeza.
Así nos fue. Por eso, ya producida la "diáspora partidaria", quisiera exhortar a todos a que dejemos los muertos en paz. A cada uno, oportunamente, lo juzgará Dios o la Historia, sobre todo a los responsables del HOY Bloquista.
Quiero instar a los descendientes de Bravo a sentirse orgullosos de ser lo que son: BRAVO - FALCIONE. Que sigan disfrutando lo que quedó del Partido: una Embajada y una concejalía para los Bravo... y cinco o seis carguitos más para los aldáteres. Una diputación nacional también... ¿Bloquista? Que no se hable más de la paternidad de Federico Cantoni, basándose en el testimonio de personas poco idóneas, que no fueron ni contemporáneos, menos aún en testigos que no se atreven a dar su nombre38.
Que no se hable más "del padre de Leopoldo, del abuelo de..." 39. Es humillante para ellos, y hartante para nosotros. Estas frases necesitan una prueba 38 Zelmar Barbosa, "El Federalismo Bloquista" op. cit. p. 161. científica para corroborar el parentesco real y efectivo... Y hoy es posible.
Ahora estamos en el presente... ¿Existirá en el futuro el Partido Bloquista?... ¿El Poder, a quién pertenecerá?... Sólo será de aquellos que logren restaurarlo para que sea una fuerza democrática, que logre cumplir con las expectativas de quienes confiaron en el ideario de los Cantoni.
Ahora sólo basta lamentarse por la "diáspora" de un Partido político brillante e inteligente. Ha llegado el momento de la Paz. Lo más sabio que podemos hacer por nuestros descendientes, es eximirlos de toda disputa.
EL PASADO PERTENECE A LA MEMORIA, NO AL OLVIDO, EL ABANDONO O LA DESTRUCCIÓN. YO TRATO DE CUMPLIRLO.
MI TESTIMONIO MÁS IMPORTANTE ES MI ESTILO DE VIDA, QUE CORROBORA LA SANGRE QUE LLEVO EN MIS VENAS.

      

      


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Hacedores

Debe haber algo en la geografía de San Juan que permite el
milagro de forjar hacedores, hombres y mujeres capaces de pensar
con mente abierta, sin ceñirse a dogmas cerrados, aunque sí a
objetivos innegociables: que el pueblo de San Juan crezca, se
desarrolle y aporte entonces, al engrandecimiento de la Argentina
toda. Así lo soñó Sarmiento y lo hizo. Así también lo imaginó
Federico Cantoni y lo concretó.. Araceli Bellota

1er Voto Femenino

Domingo Faustino Sarmiento,
valorizó a la mujer como participe del desarrollo de un país. Así
también lo entendio Cantoni completando la obra, en
1927, abriéndoles la puerta del sufragio provincial. Fue también
en esta provincia donde resultó electa la primera diputada de
América Latina, Emar Acosta.. Araceli Bellota

Historico

"Cantoni y el Bloquismo" bien pueden ser considerados como un eslabón clave en el proceso histórico de lo que suele denominarse en la Argentina “pensamiento nacional y popular”. Una suerte de pasaje natural entre el radicalismo y el peronismo naciente, incluso anticipandose al 17 de octubre de 1945 en más de dos décadas, cuando en 1923 presentó su candidatura desde la cárcel, y el pueblo sanjuanino lo rescató, llevándolo desde la celda hasta el mismo sillón de Sarmiento
Araceli Bellota
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