Ursulina Cantoni - 54 Anexo II
El abrazo del Oso y la Foca

No es fácil encontrar en San Juan a alguien que ubique
exactamente en el mapa a la tierra conocida genéricamente como
Yugoslavia, y sepa por qué hubo siempre guerra allí. Tal vez si se
supiera que la historia del Mariscal Tito, el líder que evitó hasta su
muerte el conflicto que estalló en los últimos años, se relaciona
íntimamente con San Juan, las noticias de horror en Kosovo, no
serían tan ajenas.
El libro sobre el paso por San Juan del Mariscal Tito, del
escritor sanjuanino Vicente Celany, retrotrae su crónica a 1924 en
la Quebrada de Zonda, y la termina en 1947 en Moscú. En los
primeros años referidos, Tito vivió en San Juan, y fue más tarde
salvado por Federico Cantoni, de su seguro fusilamiento, en
Buenos Aires. El libro se titula "El Abrazo del Oso y la Foca"
porque, cuando Tito comenzó a luchar en la Segunda Guerra
Mundial contra los alemanes, le decían el "Oso". Y lo de la "Foca"
es por Federico Cantoni, que, como era robusto y alto, y con los
bigotes caídos, le pusieron ese mote para este libro (firmado con
el seudónimo Washington Di Leo).
Al iniciar la construcción del camino a Calingasta y del Parque
Rivadavia en Zonda, Federico Cantoni contrató, por medio de la
compañía FH Smith, 300 operarios yugoslavos que, además de ser
hábiles picapedreros y dinamiteros, eran mano de obra de bajo
costo. Muchos de ellos habían tenido que emigrar de su patria a
causa de sus ideas políticas, trayendo al nuevo mundo sus conflictos
étnico-religiosos. Uno de ellos daría comienzo a una historia que
culminaría muchos años después y a miles de kilómetros.
Joseph Broz era muy fuerte, no muy alto y con un hablar
muy fluido, ya que rápidamente aprendió el castellano. También
tenía un perfil político definido, era anarco sindicalista. En San
Juan, vivió un tiempo en las barracas que se construyeron para los
obreros, pero posteriormente, asegura Celany, se vinculó con la
familia Galiffi, reconocidos mafiosos internacionales que se
asentaron un tiempo en la provincia.
Después de trabajar en los proyectos de Cantoni, durante
dos años y medio, fue constructor de puentes en el Tren de las
Nubes, en Salta. De allí, viaja a Buenos Aires a trabajar en Swift,
un frigorífico donde había muchos eslavos contratados, gente lo
suficientemente acostumbrada al frío como para tener un mejor
rendimiento en su interior.
En Buenos Aires, en 1929, conoce a Cipriano Reyes,
secretario general de los obreros de la carne, que en ese momento
constituían un gremio muy poderoso. Desde ese momento
comienza su actividad política y guerrillera en la Argentina.
En Capital Federal se puso en contacto con Severo De
Giovanni, uno de los anarquistas más fuertes de Latinoamérica.
Con él colocó una bomba en el Teatro Colón, durante una función.
Por estos hechos, De Giovanni fue fusilado. Broz fue atrapado
en 1931 al salir de una imprenta clandestina. Su decreto de
fusilamiento ya estaba firmado por el Presidente Uriburu. Pero
Joseph, vinculado a Natalio Botana, director del Diario Crítica, y
proveedor de papel del Diario La Reforma, logra hacer llegar su
causa a los hermanos Cantoni. Aldo, posiblemente más afín a Broz
por su cercanía con el socialismo, intenta convencer a Agustín P.
Justo de revocar la pena de muerte, pero no lo consigue. Entonces
Federico intercede ante el Presidente mismo, Uriburu:
"No cargue en su conciencia la muerte de este hombre, envíelo
a su país de origen y que allí se encarguen".
Esas fueron las palabras que salvaron de la muerte a Joseph
Broz. Con esas palabras, "el picapedrero de Rivadavia" comenzaba
su viaje a la posteridad: después de la Segunda Guerra Mundial,
Broz se encumbraría en el poder yugoslavo, gobernando su tierra
con carisma y fortaleza. Joseph Broz ya era el Mariscal Tito, nombre
derivado de la frase "ti e to", que significa "vos esto, vos aquello",
frase que Tito, en su carácter expeditivo, repetía constantemente.
Pero aquí no termina la historia. A estos dos estadistas les
quedaba un encuentro pendiente.
En 1947 una delegación especial yugoslava visitaba Moscú.
Todavía no se habían roto las relaciones. Ese mismo año, Federico
Cantoni asumía el rol de Embajador Argentino en Rusia, y con
ello, la ardua tarea de reconstruir las relaciones diplomáticas.
Después del gran desfile del 1 de mayo, Federico regresaba a
la Embajada cuando le notifican que afuera hay unos uniformados
que hablan español. Salió a recibirlos. Todavía no reconocía con
quién estaba hablando.
"Usted no se acuerda de mí, pero yo soy una persona muy
agradecida. Usted me salvó la vida, y hoy, yo vengo a
agradecérselo personalmente".
Esas fueron las palabras del Mariscal Tito cuando se encontró
frente a frente con Federico Cantoni. El Embajador sanjuanino se
alegró mucho de ver al picapedrero de Rivadavia.
Con ese encuentro, espontáneo, cotidiano y sencillo, se
cerraba una historia de más de dos décadas. Por unos minutos,
Zonda y los Balcanes estuvieron más cerca que nunca43.


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Hacedores

Debe haber algo en la geografía de San Juan que permite el
milagro de forjar hacedores, hombres y mujeres capaces de pensar
con mente abierta, sin ceñirse a dogmas cerrados, aunque sí a
objetivos innegociables: que el pueblo de San Juan crezca, se
desarrolle y aporte entonces, al engrandecimiento de la Argentina
toda. Así lo soñó Sarmiento y lo hizo. Así también lo imaginó
Federico Cantoni y lo concretó.. Araceli Bellota

1er Voto Femenino

Domingo Faustino Sarmiento,
valorizó a la mujer como participe del desarrollo de un país. Así
también lo entendio Cantoni completando la obra, en
1927, abriéndoles la puerta del sufragio provincial. Fue también
en esta provincia donde resultó electa la primera diputada de
América Latina, Emar Acosta.. Araceli Bellota

Historico

"Cantoni y el Bloquismo" bien pueden ser considerados como un eslabón clave en el proceso histórico de lo que suele denominarse en la Argentina “pensamiento nacional y popular”. Una suerte de pasaje natural entre el radicalismo y el peronismo naciente, incluso anticipandose al 17 de octubre de 1945 en más de dos décadas, cuando en 1923 presentó su candidatura desde la cárcel, y el pueblo sanjuanino lo rescató, llevándolo desde la celda hasta el mismo sillón de Sarmiento
Araceli Bellota
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