Ursulina Cantoni - 01 Prólogo
Muchas veces los caminos de las personas se cruzan sin que uno pueda imaginar las situaciones en las cuales se produce ese entrecruzamiento. Pero una cosa es segura, no es casual, la casualidad no existe, sólo existen causalidades que la ignorancia de los hombres no pueden develar, ni comprender cómo surgen ni de dónde vienen.

Corría el año 1973. Estaba empezando a investigar al
Bloquismo y por ende, a Federico Cantoni su fundador. Algo ya
había leído, sabía que era hijo de Ursulina Aimó Boot y de Ángel
Cantoni y muy pocas cosas más. En una reunión de mujeres, alejada
del mundo recoleto de la investigación, oigo llamar a mis espaldas
"Ursulina". En ese instante me dije: "Ese nombre no es común,
seguramente tiene relación con Cantoni". Mi sorpresa fue que era
la misma hija de Federico. Nunca imaginé que ese personaje que
yo ubicaba en la historia, en un pasado para mi remoto y que creía
no me pertenecía, tuviera una hija que era coetánea mía.
Así fue como conocí a Ursulina y a su madre Graciela
Cibeira, que me proporcionaron testimonios y documentos
riquísimos para el estudio que estaba realizando. Así fue también
como surgió una grata y perdurable amistad.
¡Cómo hubiera deseado tener, en esos momentos, la obra
que ahora prologo! El libro de Ursulina Cantoni es un relato vívido,
con fuerza y con pasión de sus recuerdos removidos del hoy hacia
el pasado y de los recuerdos transmitidos por otros.
Si fuera poesía sería una elegía y un himno al mismo tiempo
en honor a su padre. Porque es una prosa de reafirmación, un
grito de orgullo, de respeto y sobre todo de amor a él. Grito que
quiere se oiga en todos los rincones de su provincia y de su patria,
para que no se olvide a Federico Cantoni. Para que sus hijos y
nietos encuentren en su figura lo que ella encuentra: la fuerza, la
vocación de lucha y el orgullo de tenerlo como padre y referente
de su vida.
Es un volver sobre sus pasos y los pasos de Federico Cantoni.
Bucear en sus raíces, más que ello, buscarse y comprender en las
huellas de su padre la explicación de lo que es y diría, de lo que
somos como sujetos de la historia. Cantoni no fue un hombre
común y, como tal, trasciende lo familiar, para llegar sus ecos, su
obra, su acción hasta nuestros días. Por ello este libro es un aporte
para la historia de San Juan.
En realidad, no es una historia de San Juan, es una
rememoración, es como dije, un testimonio, insumo básico para
los historiadores. ¿Cómo escribir la historia sin ellos? Esto lo digo
porque algunas escuelas historiográficas creen que se puede
reescribir el pasado sobre moldes o estructuras, sin advertir que la
historia es la rememoración, representación de los hechos humanos
pasados y como tal, lo que se dice de los hechos humanos pasados,
porque ya no están en nuestro presente. Hechos a su vez cambiantes
de rupturas y continuidades que difícilmente pueden encorsetarse
en un modelo.
¿Cómo escribir la historia de los que hicieron la historia sin
conocer a los personajes en las múltiples facetas de su personalidad?
Este es el libro de Ursulina Cantoni, el que muestra muchas de las
facetas de su padre. La política, por supuesto, porque es lo que
dio a su nombre pervivencia hasta hoy. Pero lo substancial, lo que
todo historiador busca comprender y, generalmente, queda sin
explicación, es ese Cantoni íntimo.
Este libro muestra, en primer término, la relación de Ursulina
con su padre, en el que aparecen esas pequeñas cosas de la vida
cotidiana de los grandes hombres. Aunque cuando murió Federico,
Ursulina recién despertaba a la adolescencia, estos recuerdos
quedaron grabados en su memoria. Así aparece un Cantoni hijo,
esposo, padre, tierno, severo. Docente fundamentalmente, por ello
resalta su pasión por la agricultura y su industrialización que quería
transmitir a toda la provincia como colectivo social. Se destaca así
un personaje para el que la política no era más que la proyección
de sus inquietudes y convicciones personales, familiares, hogareñas
a lo público. Lo que él consideraba bueno para sí y su familia,
deseaba transmitirlo a cada uno de los sanjuaninos.
En fin, es el Federico Cantoni de carne y hueso retratado en
este libro.
Hace ya más de una década que decidí rescatar la voz de las
mujeres ignoradas por la historia argentina. Hoy, en cambio, me
toca acompañar la voz de Ursulina Cantoni, una mujer del presente
que, como todas nosotras, comparte con sus antepasadas la lucha
por ser tenidas en cuenta, pero que ahora decide ponerle su propia
voz a la historia de su padre.
No en vano es sanjuanina, tierra pionera en valorarnos y en
reconocer nuestros derechos. Ya desde la primera Constitución
Sanjuanina de 1856, las autoridades municipales, se elegían por el
"voto calificado" de los contribuyentes, a la renta del Municipio.
Solo así votaban las mujeres. Domingo Faustino Sarmiento,
valorizó a la mujer como participe del desarrollo de un país. Así
también lo entendio Federico Cantoni completando la obra, en
1927, abriéndoles la puerta del sufragio provincial. Fue también
en esta provincia donde resultó electa la primera diputada de
América Latina, Emar Acosta.
Debe haber algo en la geografía de San Juan que permite el
milagro de forjar hacedores, hombres y mujeres capaces de pensar
con mente abierta, sin ceñirse a dogmas cerrados, aunque sí a
objetivos innegociables: que el pueblo de San Juan crezca, se
desarrolle y aporte entonces, al engrandecimiento de la Argentina
toda. Así lo soñó Sarmiento y lo hizo. Así también lo imaginó
Federico Cantoni y lo concretó.
"No es el menor de los inconvenientes en el interior de Chile, en
Santiago, entre los hombres más bien intencionados, una especie de timidez
que les hace dudar de antemano de sus propias fuerzas, creyendo que los
resultados obtenidos en otras partes no son aplicables al país; de manera
que en lugar de propender a elevar el país a la altura de sus conocimientos,
buscan el medio de deprimir el progreso, achicarlo, truncarlo, para que se
adapte a la condición actual del país. De aquí vienen las decepciones de que
somos testigos", escribió Sarmiento en 1849 durante su exilio en el país
hermano. Fue con este espíritu que, una vez electo gobernador de su
provincia, se propuso transformar a San Juan y, cuando llegó a la
presidencia de la República, extendió ese progreso al resto de la Nación.
"Cuando encontramos en cualquier parte del mundo una idea que
nos parece útil y buena, sea socialista, conservadora, radical o anarquista,
la aplicamos. Porque nada nos importa dónde está esa idea ni de dónde
proviene, si es buena", sostenía Federico Cantoni mientras que, en sólo
seis años de gobierno, interrumpidos además por intervenciones
federales, puso en marcha y concretó, junto a su hermano Aldo, tantas
obras (como se verá en el curso del libro).
También, igual que Sarmiento, Cantoni se adelantó a su época.
Dos décadas antes de que el peronismo incorporara los contenidos de
justicia social en la Constitución Nacional de 1949, San Juan reformó
su Carta Magna provincial, en 1927, sumando la jornada laboral de
ocho horas, el salario mínimo, el derecho a una vivienda digna con
impedimento de embargo, la pensión para la vejez y el voto femenino.
Muchos años antes, allá por 1868, cuando regresaba al país
como presidente electo, Sarmiento había escrito: "Soy el intermediario
entre dos mundos diferentes. Empecé a ser hombre entre la colonia española
que había concluido y la República que aún no se organiza. (…) Mis
ideas participan de estos dos medios ambientes".
A Federico Cantoni le sucedió lo mismo. Nacido en 1890,
el mismo año en que la Revolución del Parque marcó el inicio del
camino hacia la democracia real en la Argentina, comenzó su
militancia en la U.C.R. en 1915, apenas tres años después de
sancionada la Ley Sáenz Peña; y tardó otros tres en fundar su propio
partido, con la convicción de que el poder había nublado los valores
iniciales del movimiento que, en sus orígenes, se había propuesto
moralizar a la política. En este sentido, Cantoni y el Bloquismo bien
pueden ser considerados como un eslabón clave en el proceso
histórico de lo que suele denominarse en la Argentina "pensamiento
nacional y popular". Una suerte de pasaje natural entre el radicalismo
y el peronismo naciente, incluso anticipandose al 17 de octubre de
1945 en más de dos décadas, cuando en 1923 presentó su
candidatura desde la cárcel, y el pueblo sanjuanino lo rescató,
llevándolo desde la celda hasta el mismo sillón de Sarmiento.
Cómo no celebrar la aparición de este libro, cómo no agradecerle
a Ursulina el esfuerzo de este testimonio, que es ya un documento
insoslayable sobre la vida de Federico Cantoni y la de su pueblo.
Este es un texto tejido por la polifonía de voces
femeninas...
Desde el prólogo: primero está la voz de Susana Ramella,
luego Araceli Bellotta.
Y a lo largo de la historia aparecen: Doña Ursulina Aimó
Boot de Cantoni, Doña Graciela Cibeira de Cantoni y,
finalmente, la voz de Ursulina Cantoni de Basañes: protagonistas
femeninas que acompañan desde sus lugares y sus tiempos la
vida de San Juan, de Cuyo y de nuestro país.
Pareciera que la tierra sanjuanina produce estas mujeres
que tienen más que los roles pasivos que se les ha asignado
desde siempre. Tienen los roles activos de la Madre Tierra.
Mujeres que conducen naturalmente, desde la soledad de
los valles intermontanos, el agua rumorosa de las acequias, y
son compuertas que sirven para dar y detener la potencia de la
fertilidad.
Sabio destino de ser mujer...
Es en San Juan donde aparece este encanto más que en
otros lugares de la geografía argentina. Las voces suben no
sólo desde las cocinas pobladas de presencias y olores, sino
desde los telares que traquetean la urdimbre esperanzada. Las
voces suben desde las gargantas hasta los corazones de los
hombres.
Así ellas aman, aconsejan, amonestan, recomiendan, urden
la trama, preparan los colores de la vida, perfuman la existencia,
dan a luz, bendicen y curan las cosechas, y guerrean ganando o
perdiendo batallas. A la hora exacta o a destiempo...
También alimentan los cuerpos, las almas, y dan goce
recibiéndolo.
Finalmente escriben, y cuando lo hacen cuentan, relatan
rápidamente, como se pasan las cuentas en un ábaco, o como
recorren y transitan los dedos a través de constelaciones de perlas
y azabaches de los collares, o de las largas caravanas de alegrías o
tristezas.
En fin, en este inmenso matriarcado sanjuanino, hay una
voz: la de Ursulina Cantoni. A ella le tocó sentarse a su mesa,
lápiz en mano, y comenzar a transitar por entre las palabras...
Eso ocurrió seguramente en un día en que el viento Zonda
daba batalla a la parra allá en el Cerrillo. Y del Cerrillo se fue a
Ullum, y también hasta la Avenida Libertador...
Ella lo decidió así de repente, como muchas otras cosas
de su vida que conozco, y otras que ignoro. Comenzó a desgajar
los capítulos como frutos maduros, y así se fue mostrando,
mediante recuerdos, gráficos e iconográficos, la magia de doce
años de vida al lado de su padre, para ofrecerlos a sus
comprovincianos.
Y así ella repitió la misma ceremonia, el mismo rito íntimo
de su padre. Así como Federico le cortaba cuando niña esos
pedacitos de tomate jugoso para saborearlos de a poco, así ella
repite la ceremonia de compartir esos trocitos de existencia y
memoria para compartirlos con nosotros.
Ella recuerda la historia y la cuenta para sus hijos y sus
nietos, para que quede fija en letras de molde, para que la
memoria no se pierda... (como hicieron con ella, su Federico y
su mamá Graciela).
Así aparecen y desaparecen los viajes en el tiempo:
rememora una "dacha" moscovita (de esas que están cercanas a
la Laura de San Sergio en Moscú). Hoy, esa imagen se refleja en
el espejo del Dique de Ullum: chocolates en forma de conejos y
muñecas que ayudan a celebrar su cumpleaños, mientras un
avioncito de lata ronronea y sobrevuela su imaginación hasta
ahora...
También al recorrer sus páginas nos encontramos con una
niña toda de espumas y puntillas, vestida y preparada para su
primer encuentro con Jesús.
Éstas y algunas imágenes más son sus caravanas de perlas,
envueltas en los perfumes de la infancia y de la adolescencia de
San Juan, Moscú, París, San Juan. Doce años que pasaron tan
rápidos como las vueltas de la calesita llena de colores, luces y
música.
Pero también a los doce años las perlas se convirtieron en
azabaches y crespones que anunciaron la tormenta de la
desaparición de su columna vertebral: la partida de Federico.
El tiempo pasó, y también Graciela se fue. Y de repente,
aquella niña que tenía todo un bagaje de alegría, se convirtió en
una mujer pensante, decidida y firme. A la vida había que
enfrentarla con valentía.
Así lo hizo, su madurez le permitió compartir sus
sentimientos más íntimos con sus hijos, nietos, amigos... y también
con los que parecían serlo... Todo esto al lado de Ernesto, su
esposo. Porque ella entendió desde el principio que la vida
transcurre con mucha gente alrededor, pero se vive sólo de a
dos...
Recomiendo estas páginas de la querida Ursulina, a quien
conozco desde hace años. Creo reencontrarme en ellas con la
niña que ella misma va bocetando. Una mujercita mimada,
caprichosa, demandante y muy ansiosa. Pero luego, con una
mujer madura que sabe muy bien lo que quiere, a quien
quiere y en quien debe creer...
Con ella continúa toda una época de eslabones de una
cadena de voces femeninas que pueblan San Juan: Ursulina de
Cantoni, su abuela, creadora de Ausonia; su madre, Graciela
Cibeira de Cantoni, poseedora de una melodiosa voz, propia de
la gente del norte sanjuanino, fundadora de CAREM, y fundadora
permanente de amigos (entre los que creo me encuentro),
apoyados siempre por sus sabios consejos, dadora de "criollos
favores" otorgados, recibidos y muchas veces no valorados y no
agradecidos.
Y finalmente nuestra Ursulina, esta dama bastante
impredecible en sus decisiones e ideas. Al igual que aquellas flores
del campo que aparecen y desaparecen según su estado de ánimo,
pero que cuando las tenemos a mano, perfuman el espacio
circundante con sus ocurrencias y su experiencia de vida y
trabajo...
Ursulina: perlas y azabaches guardados en un cofre cerrado,
esperando que los potenciales lectores se acerquen a abrirlo, para
conocerla y valorar en ella su condición de mujer, de relatora de lo
que antes no se atrevió a decir ni a contar.
Su libro es un acto de afirmación existencial. Cuenta porque
existe... Pero... cuando lleguemos al final del relato, quizás se haya
ocultado en su propio jardín detrás de las enredaderas. No sé si
estará por la zona de las madreselvas o bien por la de las damas de
noche.
Vaya uno a saber... Tantas veces nos damos cuenta de que
los perfumes de los amigos hay que buscarlos bastante para que
afloren a nuestras curiosas aspiraciones.
De una cosa estoy seguro: para lograr ese perfume, hay que
merecerlo.
Un abrazo para siempre.
Dr. Juan Alberto Mariel Erostarbe
.


Una anécdota, una motivación...
Era un domingo de sol, y después de almorzar en un lugar
céntrico, llevaba a mis nietas de 6 años: Magdalena (hija de Roxana)
y Federica (hija de Martín), a tomar un helado. Fue entonces que
pasamos por la Avenida de Circunvalación Dr. Federico Cantoni,
donde habían colocado una señalización importante para destacar
que ése era su nombre (ley provincial de 1983. Nunca se terminó
de señalizar integramente su recorrido).
Estaciono el vehículo y les leo el cartel, comentando que
en unos días más, ellas mismas podrían leerlo (iniciaban su primer
grado). Y es entonces que surge la pregunta espontánea de
Federica:
- Mima (apodo con el que me llaman mis nietas) ¿"el Federico
Cantoni" es tu abuelo?
- No Federica, es mi papá, por eso es abuelo de tu padre... (doy
clase magistral al respecto)
- Esperá Mima, esperá... Yo digo el Federico Cantoni que está en
la "estuatua" del Parque de la Rosita (su bisabuela materna vive casi
enfrente, y sería la dueña del parque, ¡qué inocencia!)
- Ese mismo es mi papá (comento sobre el monumento)
- Ah... entonces, qué importante que sos, Mima... y yo ¡no
sabía nada!
Entonces se siente la voz pensante de Magdalena:
- Tenés que contarnos más... ¡o escribir un libro!, ya sabremos
leer...
¡Qué fresco episodio, natural y bonito! Y entonces... esta
anécdota fue mi disparador para tomar la iniciativa:
Tenía que testimoniar la verdad, por escrito, pues ni
nosotros, y menos nuestros hijos, nunca estuvimos pendientes
de explicar nuestro linaje... Lo sabíamos y no era nuestro afán
remarcarlo... Pero tenían razón: ellas, y San Juan, debían saber
más sobre Federico Cantoni y su familia.

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Hacedores

Debe haber algo en la geografía de San Juan que permite el
milagro de forjar hacedores, hombres y mujeres capaces de pensar
con mente abierta, sin ceñirse a dogmas cerrados, aunque sí a
objetivos innegociables: que el pueblo de San Juan crezca, se
desarrolle y aporte entonces, al engrandecimiento de la Argentina
toda. Así lo soñó Sarmiento y lo hizo. Así también lo imaginó
Federico Cantoni y lo concretó.. Araceli Bellota

1er Voto Femenino

Domingo Faustino Sarmiento,
valorizó a la mujer como participe del desarrollo de un país. Así
también lo entendio Cantoni completando la obra, en
1927, abriéndoles la puerta del sufragio provincial. Fue también
en esta provincia donde resultó electa la primera diputada de
América Latina, Emar Acosta.. Araceli Bellota

Historico

"Cantoni y el Bloquismo" bien pueden ser considerados como un eslabón clave en el proceso histórico de lo que suele denominarse en la Argentina “pensamiento nacional y popular”. Una suerte de pasaje natural entre el radicalismo y el peronismo naciente, incluso anticipandose al 17 de octubre de 1945 en más de dos décadas, cuando en 1923 presentó su candidatura desde la cárcel, y el pueblo sanjuanino lo rescató, llevándolo desde la celda hasta el mismo sillón de Sarmiento
Araceli Bellota
.