Ursulina Cantoni - 22 Rosario Eva Graciela Cibeira - "Mi Infancia"
"La acción política, de por sí absorbente, aumenta sus exigencias para quien está en una etapa fundacional. No es posible compartirla con el desempeño intenso de una profesión, ni con las obligaciones propias de la vida familiar. El pragmatismo de Cantoni alcanzaba también este aspecto, al recomendar a sus seguidores que no se casen, o que si lo hacían, procurasen no ser demasiados jóvenes"

Él mismo siguió al pie de la letra sus propios consejos: se casó tarde, a los 54 años. Antes había estado preocupado y ocupado en mejorar San Juan y dignificar a los "chinos" de su tierra. Conseguida su meta, recién se dio tiempo para establecer su familia. La elegida -su compañera de ostracismo y su amiga Rosario Eva Graciela Cibeira de Cantoni- escribe desde "Mi vida con Federico" 5:
"Mi Infancia"
"Nací en Pampa del Chañar el 1 de octubre de 1915, descendiendo de una familia de clase media. Mi madre, Eva María Yáñez, era Directora de una Escuela Nacional de la Ley Lainez. Mi padre, José Albino Cibeira, porteño, hijo de españoles, viajante de casas mayoristas de Buenos Aires. Fuimos nueve hermanos, dos fallecieron siendo pequeños (Juana Irene y Juan Carlos). Blanca era la mayor. Después seguía yo y después Juana Irene, Juan Carlos, José Manuel, Julia Carola, María Ruth, Juana Evangelina, y Manuela Rosa.
Nuestra vida fue pródiga. Teníamos una casa en calle Varas, Pampa del Chañar, Jáchal, de construcción de la época, amplia y muy confortable. Había personal de servicio y un muchacho para hacer los mandados; gracias a Dios no nos faltó nada.
Recuerdo que de muy pequeña nuestra mayor atracción era contemplar la "yerra" de los mulares y vacunos que viajaban a Chile y Perú. Pasábamos los días enteros subidos a las tapias del corral de Don Víctor Aciar, junto a mis amiguitos y vecinos (Quiroga, Peñaloza, Aciar, Marinero y Guevara); nos quedábamos hasta que partían las mulas cargueras, portando "bastimento" 6, llevando al frente al patrón y arreadores, peones prácticos en esos menesteres. Había finalizado el año 1922 y yo tenía siete años.
Debí partir a Buenos Aires para estar con mis Abuelos paternos, José Cibeira y Juana Quevedo, aprovechando el viaje de la gran amiga Carmen Peñaloza, que viajaba a Buenos Aires para cursar Filosofía y Letras. Su hermana Alicia viajaba a estudiar Farmacia; Filomena Amado, odontología; Bernardita Amado ("Mecha") y María Angélica Marinero a reunirse con su hermano Edmundo.
Nunca lo olvidaré: era una tarde apacible en que me despedía de mi abuela materna, Julia Moreno de Yáñez, de mi hermana Blanca y de Juanita Irene -a quien no tuve la suerte de volver a ver, puesto que falleció durante mi ausencia -. Aún ahora, esta dolorosa despedida cobra tanta vigencia que no puedo superarla.
Era uno de los últimos viajes que hacía la mensajería: una break grande de cuatro ruedas. Tenía sus asientos cómodos pero... ¡¡¡viajaban ocho personas!!!. Llevábamos canastos repletos de provisiones para no carecer de nada durante la larga travesía, polvorienta y llena de peripecias. La primera posta era Niquivil, tierra fértil con cultivos de pasto y trigo, hoy tierra de paz y de grandes olivares. Éstos fueron plantados en el año 1926 por su propietario, Diputado Nacional Dr. Agustín Araya, que compró grandes extensiones en esa zona, encomendando al Ingeniero Agrónomo Emilio Peyré, profesor en la Escuela de Preceptores de Jáchal, su cuidado. Allí donde aflora el arroyo de Agua Negra, que fue en su época un balneario famoso, en ese lugar se hacía un pequeño alto en el camino para dar de comer y beber a los animales y distender el cansancio.
La segunda posta era Tucunuco, tierra ubérrima y feraz en algarrobos y aguaribayes centenarios que brindaban un reposo acogedor al pasajero. Un buen caudal regaba alfalfares y trigales. El Doctor Doncel era su dueño y tenía un molino harinero que absorbía todo el trigo de Mogna y del lugar. Su madre, Doña "Pepa" Doncel era una mujer excepcional; en sus manos cobraban vida las tareas múltiples que ejercía.
Después de un almuerzo reparador y de la clásica mateada, pasábamos a la tercer posta, Los Pozos. Continuaban los alfalfares y trigales, predios también de la familia Doncel.
Al despuntar el alba, partíamos a la cuarta posta, El Balde. Fue ésta una jornada fatigosa, sobre el suelo calcinado por el salitre que ofrece una vegetación paupérrima (jarrillas, retamos, cardones), una zona desértica. Llegábamos así a la zona de El Balde, una pequeña población curtida, primitiva, sufrida al máximo por la dureza de la zona, pero de una mansedumbre y calidez que contagiaban fe y cariño.
Allí se levantaba, en un rancho, un comedor atendido por Doña Ángela Sánchez, exponente genuina del inmigrante andaluz por sus rasgos, por su porte señorial, por su calidez y por su pulcritud. Aunque todos llevábamos comida a granel, las cazuelas de Doña Ángela eran únicas7. Si bien es cierto que aquella fue una jornada agotadora por la naturaleza 7 El señor Héctor Conte Grand, padre del Dr. José Amadeo Conte Grand, publicó un artículo sobre un pozo que alguien había cavado a cincuenta metros de profundidad en esa zona. Dicho artículo apareció en 1912 en el diario "El Porvenir". Era un relato minucioso de cómo estaba construido dicho pozo.
inhóspita, la cordialidad de Doña Ángela, sus hijos y los pocos pobladores, la hicieron inolvidable y la atenuaron.
Después de la merienda donde las tortas al rescoldo, los bollitos y las tortas jachalleras deleitaron nuestro paladar, pasamos a la Posta de los Ranchos de Arancibia (Matagusanos), cuya agua era trasladada desde Talacasto en un carro de madera de seis cascos, también de madera8. Ésta fue la posta final. Llegamos a San Juan extenuadas por la prolongada travesía, pero felices por la amistad y las experiencias adquiridas.
En San Juan descansábamos tres días, que aprovechábamos para conocer la ciudad, para finalmente seguir en tren a la ciudad de Buenos Aires. Allí nos esperaba el señor Pedro Miguel, importante comerciante de alfombras que vivía en una espléndida casa en la calle Carlos Pellegrini. Al día siguiente, me fue a buscar mi abuelo en su auto con su chofer Antonio. Al llegar a su casa, frente al Hospital Italiano, me esperaba mi abuela.
La vida con ellos fue inolvidable. Eran de una prosapia señorial que se ponía de manifiesto en cada acto de su vida. Aprendí corrección y decencia, piedras angulares en la vida de una familia. Fui a la escuela de Monjas de San Vicente de Paul. Los fines de semana y todos los veranos, nos íbamos a la quinta, en calle Indalecio Gómez 196, Villa Lynch. Allí había pileta de natación y cancha de tenis donde nos divertíamos con mis amigas de San Juan. Al fallecer mis abuelos, mi tío Manuel la donó al Instituto de Ciegos (que existe hasta la fecha).
A principios del año 1925 mi madre y mi hermana Blanca fueron a visitarme, pero la noticia de la enfermedad de mi padre (tuvo un ataque cerebral) nos hizo retornar a Jáchal. Cuando llegué a San Juan ya no hacía viajes la mensajería: el traslado lo hacía el señor Platero y Boada. Hubo después pequeñas empresas que intentaron instalar un servicio de ómnibus de San Juan a Jáchal y viceversa, pero fueron de vidas muy efímeras. Hasta que en el año 1938, el señor Remberto Quiroga inauguró, con su "Expreso Argentino", un servicio regular de transporte automotor. Para este pionero del transporte tendré un recuerdo emocionado.
Al regresar a Jáchal, continué mis estudios en la Escuela Normal de Preceptores. Para no tener que trasladarme todos los días desde Pampa del Chañar a la Villa, distante a más de dos horas en sulki o break, tomaba pensión en casas de familia. Luego mi abuela Julia se trasladó a la Villa para que viviéramos juntas. Allí estuve hasta el año 1929 en que finalicé la Escuela de Preceptores obteniendo mi título. Continué mis estudios en la Escuela Normal San Juan y me recibí de Maestra en el año 1931".

      

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Hacedores

Debe haber algo en la geografía de San Juan que permite el
milagro de forjar hacedores, hombres y mujeres capaces de pensar
con mente abierta, sin ceñirse a dogmas cerrados, aunque sí a
objetivos innegociables: que el pueblo de San Juan crezca, se
desarrolle y aporte entonces, al engrandecimiento de la Argentina
toda. Así lo soñó Sarmiento y lo hizo. Así también lo imaginó
Federico Cantoni y lo concretó.. Araceli Bellota

1er Voto Femenino

Domingo Faustino Sarmiento,
valorizó a la mujer como participe del desarrollo de un país. Así
también lo entendio Cantoni completando la obra, en
1927, abriéndoles la puerta del sufragio provincial. Fue también
en esta provincia donde resultó electa la primera diputada de
América Latina, Emar Acosta.. Araceli Bellota

Historico

"Cantoni y el Bloquismo" bien pueden ser considerados como un eslabón clave en el proceso histórico de lo que suele denominarse en la Argentina “pensamiento nacional y popular”. Una suerte de pasaje natural entre el radicalismo y el peronismo naciente, incluso anticipandose al 17 de octubre de 1945 en más de dos décadas, cuando en 1923 presentó su candidatura desde la cárcel, y el pueblo sanjuanino lo rescató, llevándolo desde la celda hasta el mismo sillón de Sarmiento
Araceli Bellota
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