Ursulina Cantoni - 26 Guañizuil.
"Como en un largometraje, describo a grandes rasgos lo que fue Guañizuil: sus cultivos, sus trabajos. No olviden que su dueño, Don Fico, fue el político que redimió a San Juan de tanta miseria con sus leyes y conquistas sociales, y así como la gente pobre lo adoraba, la clase privilegiada lo discutía, por hacerles compartir algo "suyo".

Recuerdo que permanentemente teníamos allanamientos. En la mente exaltada de los gobernantes había creencias, ridículas historias que tejía la imaginación popular, que los hacían tener la convicción de una serie de barbaridades, tales como que Federico Cantoni había hecho un túnel que atravesaba la Cordillera de los Andes hasta Chile ¿Qué les parece? Hubo un tiempo en que el ejército y la policía no tenían más que hacer que molestarnos -sobre todo en la noche, cuando un hombre que trabajaba desde las cinco de la mañana necesitaba reposo-. Si viajábamos a Jáchal, nos requisaban el automóvil. Si íbamos a Pismanta a darnos un baño reparador, solían usar la misma táctica. Hasta la señora Ursulina, madre de Federico -que vivía con nosotros- y yo estuvimos detenidas alguna vez en una comisaría de Rodeo. Fue una tenaz persecución. A Federico, que tenía un temple espartano, no le producía ningún efecto; pero a la señora Ursulina, le producía serios trastornos en su salud. La gente de trabajo y yo, nos habíamos familiarizado con estos tropiezos, y la vida y el trabajo continuaban...
(Cantoni compra a Don Carmen Videla, en el año 1916, los derechos de campo en el departamento Iglesia que fueron la estancia de Guañizuil. Según su relato, fueron tierras feraces, pero casi todas revenidas -no había canales ni acequias; el agua invadía el predio y en los lugares bajos se hacían grandes lagunas donde crecían totorales-. Para disecar esas lagunas, se trasportaron en carros piedras y ripio de la falda de los cerros que las circundaban. Fue una tarea ardua, costosa y que implicó mucho tiempo).
Yo conocí la estancia Guañizuil cuando era un oasis de una vegetación exuberante. A la entrada, álamos impresionantes formaban una avenida que llegaba desde la ruta al casco de la estancia. A la derecha de la entrada estaba el criadero de nutrias y las casillas que alojaban (provisoriamente) a los zorros plateados. Al final, la casa de adobe, cómoda y confortable. Al frente, había jardines con flores variadas. La primera habitación era destinada al consultorio de Federico, detrás una habitación amplia llena de estanterías, donde había muchos remedios que abastecían a toda la zona -no solamente atendía a los enfermos que lo buscaban permanentemente, sino que él mismo salía a buscar a quienes necesitaran de su auxilio-. Después del consultorio seguían nuestro dormitorio, el de Doña Ursulina, dos más para los amigos y colaboradores -cada uno con su baño-. Estaba también el comedor y la gran cocina.
A la izquierda de la casona, corrales para los caballos peruanos que habían sido traídos desde Salta -de la estancia de crías prestigiosas- y también el famoso "Jáchal" y sus crías.
(Este caballo había ganado varias carreras en el hipódromo, aún el Premio Carlos Pellegrini. Federico lo sacó en un remate en La Rural, y lo tenía como reproductor, ya que era manco).
En el patio estaba el aljibe que nos proveía de agua potable, y más a la derecha "la cantina" -donde los peones se abastecían de mercadería- . Todo esto era provisorio ya que se había proyectado un chalet con el que soñaba la señora Ursulina: muy cerquita, existía una pequeña loma en la que se habían plantado cercos de uva "Ursi", rosales de pie y rastreros, además, gran cantidad de flores exóticas que ella cuidaba con absoluto esmero. Rodeando este proyecto y ascendiendo hasta la altura de la loma, había una calle angosta.
Estaban instaladas cañerías y todos los artefactos necesarios para empezar la construcción.
(Pero en el corto tiempo que estuvimos ausentes, los continuos allanamientos arrasaron todo... peor que el terremoto.)
Pero seguiré describiendo la estancia. Las avenidas eran pobladas por castaños, fresnos y abedules que crecían maravillosamente bien -el clima y la altura favorecían estas plantas oriundas del sur de Europa-. Había un "cuadro de alfalfa" para alimentar a los animales. Teníamos setecientos cerdos, todos de pedigrí, provenientes de los criaderos de Santa Fe de don Juan Campeón -eran los Durock-Jersey-. Más adelante pastaban las ovejas karakules en invierno, ya que en el verano se las llevaba a la precordillera -era una raza especial que necesitaba para su vida pastos pobres, sino perdían su característica adiposidad de la cola-.
Era un espectáculo ver trasladar un rebaño de mil ovejas. Un puestero avezado, Hediberto Tejada, su esposa Carmen y su hijo Meregildo, acompañados de otros obreros, trasladaban el rebaño durante todo el verano a la precordillera. Tenía Hediberto once hijos, sumamente adiestrados en estos menesteres. Llevaban varias mulas cargueras llenas de provisiones para poder mantenerse durante tantos días, en los que indefectiblemente debían engrosar su alimento con el sacrificio de alguna oveja del rebaño, afectada físicamente.
Créase o no, les encantaba vivir allá, en contacto con la naturaleza, solos y con todo lo necesario. Al empezar el invierno se los traía a Guañizuil. Y allí comenzaba la parición. Apenas nacían los corderitos se los sacrificaba.
Caso contrario, perdían su cuero característico lleno de rulitos. Con estos cueros se hacían grandes fajos que se mandaban al señor Sigifredo Seefeld, que tenía una enorme curtiembre, de la que salían listos para la fabricación de tapados. ¡Cuántos tapados se hicieron, y a cuántos amigos se obsequiaron!).
Cuando se intensificó la cría de zorros plateados, se hicieron las celdas en la "Finca Nueva", distante 20 kilómetros de Guañizuil. Un alemán experto se ocupaba de su cuidado. Las celdas se pintaban de blanco para que el pelaje del zorro -al mimetizarse- fuese de mayor valor. También se reproducían zorros colorados, pero no tenían la aceptación de los plateados.
Guañizuil tuvo 400 hectáreas de manzanas de diferentes variedades. También se plantaban papas, porotos, maíz... (A toda la gente de la zona de Tudcum se le obsequiaban lanas y manzanas -teníamos en gran cantidad y el flete era caro-. Recuerdo con cariño los telares de todo Tudcum y Colangüil. A Doña Manuela Noriega con sus magníficas obras, a Carmen Urriche, a los Quilpatay, todos avezados en hacer frazadas, jergones, alfombras...)
Federico, un madrugador innato, me despertaba todas las mañanas con un chorrito de agua. Inmediatamente me levantaba, tomábamos el desayuno, y ya teníamos nuestros peruanos ensillados. El que cuidaba la caballeriza era José Espejo, un excelente obrero que tenía un trato especial con los caballos. Recorríamos el primer cuartel, donde estaban los cerdos vigilados por Martín González -muy capaz a pesar de que le faltaba un brazo-. Una vez interiorizados de los animales seguíamos a contemplar los sembradíos y los manzanos. Ya en la casa, Federico se dedicaba a atender enfermos, mientras yo me ocupaba del jardín y de llevar la contabilidad de la parición de las ovejas karakules, así como la de los fardos de cuero que se enviaban a Buenos Aires. "La cantina" era atendida por Carrizo.
Guañizuil: era el lugar más visitado por los turistas que se alojaban en Pismanta, Centenario y Terma de Rosales. No solamente porque era un oasis en medio del desierto, sino para conocer a Don Fico, un personaje tan polémico, tan querido, tan fascinante.
Desgraciadamente cuando viajamos a Rusia -al ser nombrado Federico como Embajador- éste le deja un poder a su hermano Elio y a un señor Moya, para administrarle todos los bienes que tenía. Mientras Federico recibía noticias favorables respecto de la administración de la estancia, ellos, sin consulta previa, decidieron venderla porque "no se podía comercializar los productos, y por el transporte costoso". (Se vendió por seiscientos pesos a un inglés, señor Senior, el cual, a los tres meses, vendió solamente álamos por un valor de siete millones de pesos...) Fue muy doloroso para Federico y para mí esta venta: esa fue la verdadera causa por la que Federico colmó su paciencia y dejó Rusia ávido de salvar Carpintería, que también estaba a la venta. Así, la mayoría de los detalles de la estancia solamente quedaron grabados en la imagen de quienes la conocimos: su colección de lilas, los tulipanes, las violetas de los Alpes... una policromía que nunca volví a contemplar. También para el departamento de Iglesia fue una gran pérdida: las ovejas karakules y sus cueros ya estaban impuestas en el mercado y representaban una fuerte entrada de divisas; el turismo a la estancia terminó, los animales quedaron sumamente abandonados y los artesanos de la zona, no recibieron más la lana donada que aumentaba sus magras ganancias.
Fue para mí tan doloroso que nunca volví a Guañizuil, ni como simple turista".

    

Volver al Inicio

Hacedores

Debe haber algo en la geografía de San Juan que permite el
milagro de forjar hacedores, hombres y mujeres capaces de pensar
con mente abierta, sin ceñirse a dogmas cerrados, aunque sí a
objetivos innegociables: que el pueblo de San Juan crezca, se
desarrolle y aporte entonces, al engrandecimiento de la Argentina
toda. Así lo soñó Sarmiento y lo hizo. Así también lo imaginó
Federico Cantoni y lo concretó.. Araceli Bellota

1er Voto Femenino

Domingo Faustino Sarmiento,
valorizó a la mujer como participe del desarrollo de un país. Así
también lo entendio Cantoni completando la obra, en
1927, abriéndoles la puerta del sufragio provincial. Fue también
en esta provincia donde resultó electa la primera diputada de
América Latina, Emar Acosta.. Araceli Bellota

Historico

"Cantoni y el Bloquismo" bien pueden ser considerados como un eslabón clave en el proceso histórico de lo que suele denominarse en la Argentina “pensamiento nacional y popular”. Una suerte de pasaje natural entre el radicalismo y el peronismo naciente, incluso anticipandose al 17 de octubre de 1945 en más de dos décadas, cuando en 1923 presentó su candidatura desde la cárcel, y el pueblo sanjuanino lo rescató, llevándolo desde la celda hasta el mismo sillón de Sarmiento
Araceli Bellota
.